COLECCIÓN PERMANENTE
Itinerario recomendado
Anónimo catalán
Finales del siglo XII
Madera tallada y policromada, 130,5 x 107 x 14,7 cm
Donación del Banco de Bilbao en 1961
Este Cristo es un claro exponente de la escultura románica catalana y manifiesta lo que de conceptual y solemne tiene el arte medieval. La representación del Crucificado, que se prodigó desde comienzos del siglo XII en el Pirineo catalán, es de dos tipos: Cristo doliente y Cristo en Majestad o Maiestas Domini que, como el que nos ocupa, presenta al Crucificado vivo y triunfante en la cruz. Esta última tipología, heredera de la tradición bizantina, se caracteriza por la rigidez y frontalidad de las figuras, representadas con grandes ojos abiertos y los pies clavados separadamente. La pieza, de calidad excepcional y en buen estado de conservación, presenta a Cristo sin corona vestido con una larga túnica, o colobium, de tipo siríaco, decorada con águilas imperiales. La esquematización de la figura, su actitud hierática y el rostro sin sufrimiento, tratan de transmitir su soberanía y magnificencia. La cruz, policromada por ambos lados, es también símbolo de realeza, por lo que se trata más de un trono que de un instrumento de suplicio. Sobre la cabeza de Cristo se lee la inscripción: IHS XPS REX ON, abreviatura de Iesus Christus Rex Iudeorum (Jesucristo Rey de los Judíos). Es plana y patada, es decir, con un ensanchamiento en los extremos. En su parte superior están pintadas personificaciones del sol y de la luna, que aluden al eclipse que se produjo a la muerte de Jesús; a la derecha está la Virgen, a la izquierda, San Juan y, en la parte inferior, Adán saliendo del sepulcro como símbolo de la redención del hombre por Jesucristo. Estas figuras muestran un avance naturalista que anuncia un estilo nuevo, el gótico. [A.S.L.]

El Departamento de Conservación y Restauración creado en 1975, es el primer departamento constituido como tal en la organización del museo.
Desde esa fecha ha adaptado los medios técnicos y los criterios de conservación a las nuevas exigencias museísticas, tomando parte activa en la evolución del museo. Su misión principal es la conservación de la colección propia y de toda obra de arte o bien cultural albergado en las instalaciones del museo. Juega asimismo un papel fundamental en el conocimiento científico de las obras de arte y en su difusión entre el público general y la comunidad científica.
La conservación preventiva tiene como finalidad evitar cualquier daño en las obras de arte y se materializa en una serie de actuaciones indirectas:
Los tratamientos de conservación o, como se ha dado en llamar, conservación curativa, suponen una acción directa sobre la obra y sólo se aplican cuando se encuentra en estado de deterioro. Implican, por ejemplo, la consolidación de la materia y su estabilización estructural o química. Las intervenciones de restauración, que normalmente implican un cambio de aspecto, se aplican para devolver o permitir la lectura de las obras sin alterar su significado. Éste es el trabajo con el que tradicionalmente se ha identificado a los conservadores-restauradores, sin embargo en la actualidad las nuevas necesidades museológicas potencian las actuaciones de conservación e investigación. Dada la variedad de piezas que componen la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao es imprescindible desarrollar un trabajo interdisciplinar, y de ahí la creciente colaboración y el intercambio de especialistas con diversas instituciones públicas, como el Instituto del Patrimonio Cultural de España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas o el Museo Nacional del Prado.