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Exposiciones

En esta ocasión la obra invitada es Cristo flagelado, una escultura en madera tallada y policromada, fechada hacia 1616, catalogada como una obra de primer orden de Gregorio Fernández -uno de los maestros de la escultura barroca española- y realizada dentro de su mejor momento creativo.
Como es sabido, ninguno de los relatos evangélicos especifica de qué forma recibió Cristo el injusto castigo del azotamiento ordenado por Pilatos, pero la imaginación hizo necesaria la presencia de una columna a la que se maniató a Jesús; la devoción multiplicó el número de latigazos que padeció el Redentor en su pecho y espalda y fue habitual recordar la presencia de los crueles verdugos.
Las cofradías de disciplinantes callejeros que durante la Semana Santa acompañaban las insignias o “pasos” procesionales contribuían a revivir, con sangre incluida, la tragedia sucedida en casa del gobernador romano en Jerusalén. La llaga “que a nuestro Jesucristo le hicieron en sus sagradas espaldas con la muchedumbre de azotes que a su majestad le dieron” fue motivo de veneración, solicitándose de Roma, por parte de la cofradía de la Vera Cruz de Valladolid, indulgencias y jubileo para aquellos que se flagelasen.
Como es habitual en este tipo iconográfico de Cristo atado a la columna creado por Fernández, Cristo aparece en una columna baja y troncocónica inspirada en la que se conserva desde el siglo XIII en la iglesia romana de Santa Práxedes, provocando con su lastimoso estado la compasión del espectador en una búsqueda intencionada por impresionar al creyente.
Este ejemplo de Fernández, que completa una larga lista como prueba de la aceptación que tuvo en el mundo de la Contrarreforma, fue dado a conocer por Junquera Mato cuando la pieza pertenecía a la colección del Banco Hispano Americano. De esta forma, no se ha podido rastrear su procedencia, pero dado que se trata de un tema muy característico de la religiosidad carmelitana podría apuntarse la posibilidad de que ese fuese su origen, aunque es cierto que existen ejemplares en conventos de otras órdenes religiosas. Su tamaño, inferior al natural, permite sospechar una procedencia privada que le rendiría culto en oratorio o clausura.
Como muy bien se ha señalado, debe ser considerada como obra de primer orden, producida por la propia mano del maestro y dentro de su mejor momento, uniéndose en ella el clasicismo de su forma con la intensidad de la emoción religiosa. El tratamiento del desnudo, la expresión de la cabeza, que posee ojos de cristal, y la finísima talla de pelo y barba, tanto como la columna, son característicos del maestro. Su encarnación realza su naturalismo aunque no se detiene excesivamente en la sangre, y se ha dicho también que la policromía del paño de pureza es semejante al de la pañoleta de la Verónica del “paso” del Camino del Calvario (Museo Nacional de Escultura, Valladolid), encomendado al escultor en 1614, pero puede ponerse también en relación con otras muchas obras suyas como, por ejemplo, el paño que cubre el desnudo de Dimas (1616).
Gregorio Fernández se instaló a Valladolid entre 1605 atraído por la corte y allí contó con taller propio. En sus esculturas de tema religioso en madera policromada creó tipos iconográficos que alcanzaron gran éxito durante el barroco español y que él mismo repitió originando series. Entre los temas relacionados con la Pasión sobresalen el Cristo de la Flagelación, el Ecce Homo, el Crucifijado o el Cristo yacente. A partir de una primera etapa ligada a la tradición de las imágenes religiosas cargadas de dramatismo, Gregorio Fernández  incorporó a su lenguaje artístico mayor naturalismo.

El programa La Obra Invitada —que dio comienzo en 2001— acerca al público obras temporalmente cedidas por otras instituciones y que en el Museo adquieren nuevo significado al ser presentadas como una exposición de una sola obra y en el contexto de la colección permanente. En 2004 la Fundación Santander se sumó a esta iniciativa, patrocinando cada una de sus nuevas ediciones, haciendo posible la organización de varias convocatorias anuales, en ocasiones acompañadas por conferencias dictadas por prestigiosos especialistas, y prestando obras de su propia colección, tal y como sucede en esta edición. Desde su inicio, el programa ha permitido contemplar de esta forma tan singular 29 obras, incluida la que ahora se presenta. Entre ellas, obras de Berruguete, Morales, Zurbarán, Van Dyck, Tintoretto, Artemisia Gentileschi, Canaletto, Fortuny, Monet, Sorolla, Picasso, Chillida, Hockney o, recientemente, Freud.

Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576 - Valladolid, 1636) Cristo flagelado, c. 1616 Madera tallada y policromada, 74 x 39 x 31 cm Colección Santander, Madrid

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