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Además de su colección permanente, el Museo de Bellas Artes de Bilbao propone regularmente un importante programa de exposiciones temporales.

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Darío de Regoyos (1857-1913)

La aventura impresionista

Sala BBK

07|10|13 26|01|14

Organizada con ocasión de la conmemoración del centenario del fallecimiento del principal representante español del impresionismo, la exposición Darío de Regoyos (1857-1913). La aventura impresionista reúne en una gran muestra retrospectiva más de 130 obras –entre óleos, pasteles, acuarelas, dibujos y grabados– que dan a conocer las formas de expresión, los intereses temáticos y la evolución estética de su trayectoria. Presenta, además, documentación original con el propósito de poner al día aspectos poco conocidos de su personalidad, sus relaciones profesionales y su perfil biográfico.


La originalidad cromática y la audaz representación de los fenómenos lumínicos y atmosféricos hacen de los paisajes de Regoyos uno de los episodios más innovadores del panorama artístico español del momento. Se suma a ello el contrapunto de los aguafuertes y óleos que representan la tradición cultural española más sombría, que formularía en la estética de la “España negra”. Por otra parte, sus relaciones con pintores, músicos y literatos belgas y franceses, y su activa participación en los círculos artísticos de vanguardia –primero en el grupo L’Essor y más tarde en Les XX– configuran el perfil más internacional de la pintura española de finales del siglo XIX.


De origen asturiano, Darío de Regoyos (Ribadesella, Asturias, 1857–Barcelona, 1913) mantuvo, además, una estrecha relación artística y familiar con el País Vasco a lo largo de toda su vida y desempeñó un papel fundamental en la modernización de la pintura vasca en el cambio de siglo. Por este motivo el Museo de Bellas Artes de Bilbao ha producido esta exposición, siguiendo la estrategia de los últimos años de profundizar en el conocimiento del arte vasco a través de exposiciones, publicaciones y nuevas adquisiciones. Para esta ocasión, ha contado con el comisariado de Juan San Nicolás, experto conocedor del pintor.


Tras su presentación en la sala BBK del Museo de Bellas Artes de Bilbao (134 obras), la muestra viajará, en versiones reducidas, al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (un centenar de obras), a comienzos del año próximo, y, más tarde, al Museo Carmen Thyssen Málaga (cerca de 60 obras). Los tres museos han contribuido a la exposición con obras destacadas de sus respectivas colecciones, a las que se han sumando otras instituciones relevantes, como los Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, el Musée d’Orsay de París, el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, entre otros, y numerosas colecciones particulares.


Al catálogo de la exposición aportan textos Juan San Nicolás; Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado; y Mercè Doñate, hasta este año conservadora de Arte Moderno en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, que actualizan la biografía del pintor y ofrecen un profundo análisis sobre su aportación artística.


Distribuida en diversos ámbitos, la exposición comienza con la etapa inicial de Regoyos, marcada por el descubrimiento de la pintura de paisaje y sus primeros viajes. Continúa con las obras que dedicó al tema de la España negra, y entre ellas su famosa serie de grabados. Le siguen las experiencias puntillista e impresionista, esta última, el hilo conductor de la muestra. Para finalizar, se ha reunido diversa documentación original y retratos del pintor.


 


DARÍO DE REGOYOS (1857-1913). LA AVENTURA IMPRESIONISTA


Tras unos estudios iniciales en Madrid, Regoyos se trasladó a Bruselas, donde pronto entró a formar parte de los grupos europeos de vanguardia L’Essor y Les XX. Su aprendizaje se enriqueció en contacto con los artistas belgas y franceses James Ensor, Camille Pissarro, Georges Seurat y Paul Signac, y el norteamericano James McNeill Whistler.


A lo largo de su vida realizó numerosos viajes por España, Bélgica, Holanda, Francia e Italia en busca de motivos pictóricos. En 1885 se trasladó a Londres con su amigo el poeta Émile Verhaeren para visitar a Whistler, autor de un retrato de Regoyos hoy desaparecido. Pocos años después recorrió con Verhaeren la geografía española, experiencia que daría origen al libro España negra (1899).


Durante este periodo Regoyos participó habitualmente en muestras colectivas en Bruselas, Amberes, Gante, Ámsterdam, París, Madrid o Barcelona. Por mediación de su amigo Pissarro en 1897 comenzó a exponer individualmente en París. Con el cambio de siglo, se vinculó al grupo de artistas vascos –Manuel Losada, Adolfo Guiard, Francisco Iturrino, Pablo Uranga, Ignacio Zuloaga– que desde Bilbao trataba de renovar el contexto artístico local. En 1907 se desplazó con su familia a Bizkaia y se instaló en Durango y, más tarde, en Bilbao y Las Arenas.


A lo largo de su amplia producción, la pintura de Regoyos tuvo varias etapas. Un primer periodo belga, en el que aparecen retratos y paisajes y el interés por los efectos de luz. Le sigue lo que él mismo denominó la serie España negra, más filosófica y simbolista. Otro periodo está marcado por la técnica puntillista, que conoció gracias a su amistad con los pintores Seurat, Signac y Pissarro. Está, por último, el Regoyos impresionista, al que la exposición presta especial atención al reunir un importante número de óleos que dan cuenta de las novedades que aportó a la pintura de paisaje de la época.


Primeras obras.

En 1879 Regoyos viajó por primera vez a Bruselas, donde conoció a los artistas más innovadores del momento. Testimonio de estas relaciones internacionales son los paisajes brumosos de Bruselas y Retrato de Miss Jeanning (1885), en donde pinta a una modelo de Whistler, que conoció en una visita a Londres. Pero, además, ya en esta etapa inicial manifestó el interés por los efectos lumínicos –pinta sus primeros nocturnos– que mantendrá a lo largo de toda su carrera. En Place à Ségovie (Plaza en Segovia, 1882) refleja una pintoresca vista castellana bajo la potente luz del sol. Los fenómenos atmosféricos le dan también ocasión para experimentar con la pincelada y el color, tal y como aparece en Viento sur (Salida de misa con siroco) (1885).


España negra

En 1888 conoció los paisajes y rituales de la España provinciana, más tradicional y en ocasiones sombría, en un viaje junto al poeta Émile Verhaeren, quien a su regreso a Bélgica publicaría en una revista sus impresiones. Diez años después fueron traducidas y Regoyos las ilustró con xilografías, dando como resultado el conocido libro España negra. El pintor dedicó numerosos óleos y obras sobre papel a este mismo tema, que hasta comienzos de siglo alternó con los paisajes impresionistas. Noche de Difuntos (1886), fragmentado en tres cuadros aquí reunidos, Víctimas de la fiesta (1894) y Vendredi Saint en Castille (Viernes Santo en Castilla ) (1904) son, con su crudo simbolismo, obras paradigmáticas de este momento.


Obra gráfica

Regoyos aprendió la técnica del grabado en contacto con los artistas belgas del grupo Les XX. Realizó sus primeros aguafuertes en 1887 y después trabajó también la litografía. Una de sus series más conocidas es el álbum de 15 litografías País Basco (1897), de las que aquí se exponen 11, que regaló a pintores amigos y a algunos de los artistas españoles más importantes de su época, como Joaquín Sorolla o Santiago Rusiñol.


Puntillismo

En 1887 Regoyos se interesó por el puntillismo, o divisionismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras formulaciones de la mano de Georges Seurat, Paul Signac y Camille Pissarro. Las redes (1893) es una obra maestra de este periodo, que fue breve debido a que esta nueva técnica le impedía pintar al aire libre. Después, emplearía ocasionalmente, aunque de manera parcial, el característico toque puntillista para conseguir nuevas texturas y matices de luz en sus paisajes.


teorías impresionistas y que, a pesar de la incomprensión de una parte de la crítica, se mantuvo fiel a ellas a lo largo de toda su carrera. Con los maestros Carlos de Haes, en Madrid, y Joseph Quinaux, en Bruselas, descubrió la paleta clara y la pincelada de toque aplicadas al paisaje, género por entonces aún poco apreciado, pero que, sin embargo, captó toda su ambición como pintor.

 


Quiso expresar en sus obras la impresión inmediata que produce la apariencia de las cosas y la fugacidad de los efectos de la luz y la presencia rotunda de las sombras. Trabajaba directamente del natural, au plein air, con rapidez y sin bocetos previos, y por ello en su obra abundan los formatos pequeños y medianos, más fáciles de transportar.


El paisaje le permitió investigar sobre la luz y sus efectos fugaces y sobre el color. Las salidas y puestas de sol, los días nublados, la luz crepuscular y los nocturnos, los vendavales y aguaceros fueron sus temas preferidos.En obras como Aguacero. Bahía de Santoña (1900), Lumière électrique (Luz eléctrica, 1901), El Urumea (1904) o La Concha, nocturno (c. 1906)se hace evidente este interés por reflejar distintos fenómenos relacionados con la luz –el arco iris, la luz diurna o nocturna, de gas o eléctrica, la nieve…–, que alcanza su máxima expresión en la representación de un mismo motivo en dos momentos distintos del día: Plaza de Burgos por la mañana y Plaza de Burgos al atardecer, ambas pintadas en 1906.


El humo y el movimiento de los barcos y trenes, propios de la vida moderna, también aparecen a menudo en su obra, tal y como refleja en la estampa bilbaína El puente de El Arenal, fechada en 1910.


Viajero incansable, sus campañas de trabajo en el País Vasco fueron regulares entre 1884 y 1912, y durante largos periodos de tiempo residió en Irun, San Sebastián, Las Arenas y Durango. Prefería trabajar bajo la luz fina del Cantábrico, aunque pintó también en otras latitudes más meridionales, como en Salida del sol en Granada (1911) o Almendros en flor (c. 1905), captada en Castellón.


Taureaux à Passages (Toros en Pasajes, 1898), El baño en Rentería (1900) o La salida de la fábrica (1901) son buenos ejemplos de estos años de plenitud. Representan también elementos compositivos característicos, como las escenas a vista de pájaro, las diagonales en profundidad y los encuadres fragmentados que derivan del uso que los impresionistas hicieron del conocimiento de la estampa japonesa y de la influencia de la fotografía.


En toda su obra es escasa la presencia individual de la figura humana, no así la de los grupos y multitudes, que Regoyos representa de una forma indefinida y sin detalles para dotar de vida y movimiento a las escenas de mercado, festejos o procesiones. Mercado de Dax (1909) es buen ejemplo de este aspecto.


En 1912 Regoyos se estableció con su familia en Barcelona. Aunque ya gravemente enfermo de cáncer, celebró allí dos importante exposiciones e incluso trabajó al aire libre, incorporando a su pintura el paisaje de diversas comarcas catalanas y otras escenas que, como Los polluelos (1912), captaba en su entorno más inmediato. Pintó también varias vistas de la ciudad, en la que falleció tempranamente, a los 55 años, un año después.


Retratos y documentos

En esta sección se presentan cartas, fotografías, libros y catálogos que contribuyen a establecer la semblanza profesional y personal de Darío de Regoyos. Los retratos que le hicieron sus amigos, como Guitarrista. Retrato del pintor español Darío de Regoyos, pintado por Théo van Rysselberghe en 1882, nos acercan el lado más humano del artista que mejor representó al movimiento impresionista en la pintura española.




En la imagen:
Darío de Regoyos (1857-1913)
Almendros en flor, 1905
Óleo sobre lienzo. 46 x 61 cm
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

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