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Además de su colección permanente, el Museo de Bellas Artes de Bilbao propone regularmente un importante programa de exposiciones temporales.

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, de

Néstor Basterretxea

Forma y universo

Sala BBK

25|02|13 19|05|13

La exposición, comisariada por Peio Aguirre, se ha concebido con la intención de reunir la retrospectiva más completa celebrada hasta la fecha de la obra de Néstor Basterretxea (Bermeo, Bizkaia, 1924), propósito que se extiende al exhaustivo catálogo editado para la ocasión. Previamente, en 2008, Basterretxea donó al museo las 18 esculturas que forman la Serie cosmogónica vasca, una de sus obras fundamentales, que es, además, uno de los conjuntos más reconocidos de la escultura vasca de la segunda mitad del siglo XX.

Para ello propone una revisión de casi 60 años de una intensa trayectoria creativa en los que ha ensayado ampliamente con multitud de técnicas y expresiones artísticas. Desde sus comienzos en la pintura hasta su irrupción en la escultura, pero sin olvidar las incursiones en el cine, el diseño industrial, gráfico y de mobiliario, los proyectos no realizados de arquitectura y urbanismo, la fotografía, el cartelismo o la escritura.

Trata, pues, de reconstruir lo que el crítico Juan Daniel Fullaondo denominó el “caleidoscopio Basterretxea”, como expresión de la capacidad del artista para integrar dentro de su vocabulario formal estéticas, corrientes, estilos y tendencias antagónicas.

Aunque es considerado uno de los principales renovadores de la escultura vasca de la segunda mitad del siglo XX, Basterretxea comenzó su actividad creativa como dibujante publicitario antes de dedicarse a la pintura de forma autodidacta. A finales de la década de 1950 se inició con Jorge Oteiza en el campo de la escultura, fue miembro fundador del Equipo 57 y colaboró con el Equipo Forma de Barcelona. En 1961 fue el único escultor seleccionado para representar a España en la VI Bienal de Sao Paulo (Brasil).

Poco después, en 1966, fundó junto con otros artistas el grupo vasco de vanguardia Gaur. En esa época comenzó también su actividad en al ámbito cinematográfico, fruto de la cual son, entre otros, los cortometrajes Pelotari (1964) y Alquézar (1966), y el largometraje Ama Lur (1968), todos ellos realizados con Fernando Larruquert.

Posteriormente, ya durante los años ochenta, trabajó intensamente en el campo de la escultura pública, de la que pueden verse ejemplos en numerosas localidades del País Vasco, así como en distintas ciudades españolas, de Estados Unidos, Argentina o Chile.

Formada por cerca de 200 piezas, la exposición propone una mirada a la vez contemporánea e histórica sobre la obra de Basterretxea y su personal interpretación de la tradición a través de los lenguajes artísticos de la vanguardia.




Recorrido expositivo

1. Pintura de la década de 1950

Basterretxea comenzó su carrera en la pintura a comienzos de los años cincuenta. A mediados de la década muestra un temprano interés por la arquitectura y el urbanismo, que se plasma en pinturas de carácter abstracto y geométrico en donde, a menudo, homenajea a otros artistas como Le Corbusier o Ben Nicholson. Tratando de distanciarse de las convenciones pinta sobre madera o táblex y trabaja con materiales novedosos como la arpillera o el hierro. A esta época pertenece Interactividad vertical, que comparte el ideario del Equipo 57, al que se vinculó brevemente.

2. Proyectos de escultura y obra pública (1967-1999)

En 1967 Basterretxea comenzó una intensa labor dentro de la escultura pública contemporánea, hasta entonces casi inexistente en el País Vasco. Los homenajes a Iztueta (1967) o Pío Baroja (1971), ambos en San Sebastián, y a los pescadores y navegantes muertos en el mar (1972), en Pasai San Pedro (Gipuzkoa), adquieren especial relevancia. Les sucederán encargos de tipo simbólico, como La paloma de la paz (1988) en San Sebastián o Monumento al pastor vasco (1989) en Reno (Estados Unidos). Mención especial merece Urbidea (Camino de agua) (1993), en la presa de Arriarán en Beasain (Gipuzkoa). Se incluyen también trabajos para la iglesia románica de Lasarte (Álava) (1976) o la pieza Izaro, del Parlamento Vasco (1983). En el campo de la pintura mural destaca la cripta de la basílica de Arantzazu (1982-1984).

3. La exposición fundacional del grupo Gaur en la Galería Bariandiarán (1966)

A mediados de los años sesenta, aunque inmerso ya en la escultura, Basterretxea desarrolla un importante trabajo como pintor y dibujante. Participa en la fundación del grupo Gaur de la Escuela Vasca, en cuya primera exposición (1966) presenta cuadros de pequeño formato que se alejan del rigor analítico de la década anterior. Concebidas casi como “paisajes interiores”, que reproducen sensaciones y cierta relación con la naturaleza, estas piezas abstractas de límites borrosos incluyen constantes referencias a formas de carácter escultórico.

4a. Del plano al espacio. La exposición de la Sala Neblí (1960)

Hacia 1960 Basterretxea experimenta con la tercera dimensión a través de relieves y bajorrelieves en mármol y pizarra, provistos de rayaduras e incisiones. Estas piezas le valieron el reconocimiento de la crítica durante la exposición conjunta con Jorge Oteiza celebrada en la Sala Neblí de Madrid y muchas tienen su equivalente en collages, dibujos y grabados realizados a lo largo de su carrera.

4b. Meridianos

Las formas discoidales son una de las tipologías favoritas de Basterretxea, que las ha empleado en logotipos, proyectos arquitectónicos y obra gráfica, y también en escultura, uno de cuyos ejemplos más refinados es la serie Meridianos.

5. Diseño industrial, logotipos y diseño aplicado

Basterretxea fue pionero en el diseño industrial vasco a finales de la década de 1950, cuando desarrolla el logotipo y mobiliario para la empresa madrileña H Muebles y otros proyectos de interiorismo.

Esta faceta se refleja en su primer trabajo cinematográfico, el filme experimental Operación H (1963), que realiza para el industrial y mecenas Juan Huarte. En la década siguiente, funda en Irun con otros socios la compañía Biok, dedicada al mueble moderno, en la que desarrolla innumerables prototipos que no siempre llegaron a comercializarse. Piezas emblemáticas son las de la serie Curpilla (1966), el ajedrez (1967) o los candelabros Sua (1968).

6. Bocetos para la basílica de Arantzazu

En 1952 se le encomienda la decoración de la cripta de la nueva basílica de Arantzazu (Gipuzkoa), en la que, años después, también colaborarían otros artistas de vanguardia como Jorge Oteiza, Eduardo Chillida o Lucio Muñoz. Apenas comenzado el trabajo, en un estilo expresionista deudor del muralismo mexicano, sus dibujos para los temas del pecado, la expiación, el perdón y la gloria fueron borrados. Se muestran aquí algunos de los escasos bocetos conservados, acompañados del conjunto escultórico que propuso en 1969 para el crucero de la cripta y de cuatro collages en donde plantea la relación del espectador con estas esculturas, ya concebidas a tamaño monumental.

7. Primeras incursiones en la escultura (década de 1960)

Durante los años sesenta Basterretxea realiza sus primeras esculturas exentas, como Toro (1961) o Signo (1962), piezas en hierro pero de apariencia liviana que a menudo sugieren el gesto de la mano del artista al dibujar sobre el papel. Bizkaia y Araba (ambas de 1962), cuyos originales en piedra y madera se muestran aquí, terminarán siendo esculturas de gran tamaño y en metal instaladas en espacios públicos de Galdakao (Bizkaia) y San Sebastián.

8. Escultura de los años setenta y ochenta

Entre 1972 y 1975 Basterretxea ejecuta la Serie cosmogónica vasca, 18 esculturas en madera basadas en personajes mitológicos, fuerzas de la naturaleza y objetos tradicionales de la cultura vasca. En esos años realiza también en madera su serie Eguzki lore, al tiempo que en otras obras investiga las cualidades escultóricas del alabastro. Friso de utensilios de artesanía vasca (1980) fue concebida para ser llevada a piedra y a escala monumental, e instalada en el aeropuerto de Foronda (Vitoria).

9. Fotomontajes

A través de los fotomontajes Basterretxea sitúa sus esculturas en contextos imaginarios y distintos de aquellos en que fueron realizadas. Por medio de la técnica del collage “instala” estas piezas en paisajes cargados de literatura –unas ruinas románticas, un jardín barroco o la selva amazónica– para establecer, aunque sea de forma experimental, una particular relación entre lo propio y otros contextos culturales.

10. Carteles y obra gráfica

El cartel y la obra gráfica han sido una de las formas de expresión preferidas de Basterretxea, que desde mediados de los años sesenta ha prestado su colaboración a gran número de causas culturales, sociales o políticas. La combinación de collage, fotografía y tipografía, propia del
cartelismo, le ha permitido reciclar parte de su vocabulario formal, experimentar con imágenes de esculturas, logotipos y otros elementos gráficos, y darles una función en el campo del diseño.

11. Homenaje a la América primera (1992) y otras obras

Estas esculturas policromadas son el resultado de varios años de investigación sobre las culturas precolombinas que Basterretxea plasmó también en la serie de documentales para la televisión Arte y culturas en la América prehispánica (1988-1992). De tamaño medio y marcada frontalidad, recrean nombres de dioses, figuras animales, ritos o ciudades, en un deseo de comprender el origen y las tradiciones de otros pueblos, como antes hiciera en las esculturas de la Serie cosmogónica vasca con el mundo vasco precristiano.

12. Volumetrías (1957-2003)

Volumetría es el término que Basterretxea utiliza para referirse a los proyectos de arquitectura, de carácter utópico y ejecutados sólo sobre el papel, de los que aquí se presenta una selección. Junto a ello hay otros ejemplos de su vinculación con la arquitectura, como la vivienda-taller que compartió con Oteiza en Irun (1955-1957) o algunos proyectos fallidos como el que elaboró, también con Oteiza, para la Fundación Sabino Arana en Bilbao (1979), la biblioteca de la Universidad de Deusto (1985) o Atlántida (2001-2002), que transformaba la central nuclear de Lemoiz en un parque dedicado a la ciencia. Ejemplo del carácter arquitectónico de su escultura es Argizaiola, que el artista transforma, en dibujos y fotografías, en un edificio.




En la imagen:
Meridiano, 1960
Hierro pintado, 70 cm (diámetro)
Colección familia Basterretxea

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