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Exposiciones

La exposición ofrece un recorrido por más de trescientas cincuenta piezas realizadas por casi un centenar de artistas vinculados al surrealismo, uno de los movimientos creativos más importantes del siglo XX.

Junto a la visión puramente estética de sus hallazgos y realizaciones, propicia un acercamiento a sus planteamientos teóricos desde la propia mentalidad del grupo, ya que analiza a través de diversos apartados los principales temas que preocuparon a estos artistas. Al mismo tiempo, muestra con especial énfasis el contexto artístico e intelectual del París de entreguerras en el que el surrealismo tuvo su momento álgido. La ciudad actúa como nexo de unión entre las obras que integran la exposición, que fueron inspiradas, creadas, expuestas o coleccionadas en la capital francesa.

París y los Surrealistas está compuesta por más de trescientas cincuenta piezas, incluyendo pinturas, esculturas, fotografías, objetos encontrados, collages, arte primitivo, arte popular y naif, documentos escritos y sonoros, películas, etcétera, articuladas en torno a una serie de cuestiones clave para el desarrollo del movimiento, liderado por André Breton, como fueron el automatismo, el sueño y el inconsciente, lo monstruoso, el azar, la locura, o las nuevas técnicas artísticas.

La amplia selección de obras acerca al público el carácter trasgresor de sus primeros manifiestos, los vínculos entre creadores y disciplinas artísticas, su compleja relación con la política del momento e incluso la huella que numerosas obras surrealistas han dejado más allá de sus límites temporales estrictos en manifestaciones artísticas posteriores, subrayando así la modernidad y la vigencia del movimiento.

Entre los artistas seleccionados por Victoria Combalía, comisaria de la exposición y reconocida crítica de arte, casi un centenar desde los precursores hasta los protagonistas, se encuentran Yves Tanguy, Francis Picabia, Man Ray, Victor Brauner, Roland Penrose, Giorgio de Chirico, Jean Arp, Óscar Domínguez, Alberto Giacometti, René Magritte, Dorothea Tanning, Remedios Varo, Lee Miller, Meret Oppenheim, Salvador Dalí, Marcel Duchamp, Max Ernst, Dora Maar y Joan Miró.

A finales de la segunda década del pasado siglo, y tras los desastres de la Primera Guerra Mundial, París acogió a un gran número de pintores, fotógrafos, directores de cine, escritores y activistas que, atraídos por la ciudad considerada capital del arte desde el siglo XIX, fueron capaces de catalizar una auténtica revolución visual e ideológica.

Desde ese momento, y hasta bien entrados los años sesenta, el movimiento surrealista produjo una enorme efervescencia creativa y una extraordinaria transformación no sólo en el terreno de las imágenes sino también en el de las ideas, desde la trasgresión moral hasta el compromiso político revolucionario. La exposición dedica una atención especial a los vínculos que el surrealismo estableció con su ciudad de acogida, y, en particular, a la visión que los surrealistas dieron de París a través de la reivindicación de una serie de espacios urbanos como los pasajes, los mercados y rastrillos, los cafés, ciertos monumentos públicos, los anuncios luminosos, el circo o los cabarés.

La cronología del movimiento sitúa sus inicios en 1919, año de publicación de Les Champs magnétiques, primera obra surrealista y experimento de “escritura automática”, a cargo de Philippe Soupault y André Breton, principal ideólogo del movimiento. Su final se establece en 1966, año de la muerte de Breton. Pero el surrealismo mantuvo su sorprendente vitalidad y su influencia va más allá de esos límites, de hecho, el propio término “surrealista” ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano y son numerosas las obras de todo género que manifiestan esa influencia: la exposición incluye el dibujo Caballo de Leonora Carrington, fechado en 1997.

A diferencia de otros movimientos artísticos de vanguardia, el surrealismo no catalizó sus aspiraciones en un estilo concreto, sino que, sobrepasando consideraciones formales, agrupó manifestaciones artísticas diversas, unidas por un espíritu común, por una nueva forma de pensar y sentir, de entender la relación entre el arte y la vida. Desde Marx hasta Freud, pasando por el marqués de Sade, los surrealistas exploraron lo insólito, lo inesperado, la infancia, el delirio, lo instintivo, los tabúes, la imaginación, el mundo de los sueños... todo aquello, en definitiva, opuesto a la razón. El surrealismo aspira a una total liberación del individuo y, en palabras de Breton, “esta luz sólo conoce tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”.

De este modo, y como método para explorar el interior del artista y del espectador, los artistas surrealistas inventaron nuevas técnicas y medios, como el collage, el frottage, la “escritura automática”, los “cadáveres exquisitos”, los “poemas-objeto” o los “objetos encontrados”. La fotografía y el cine merecieron también especial atención por parte del movimiento, y, por ello, ocupan un lugar destacado en la exposición, que, junto a señalados óleos, reúne también multitud de objetos, documentos, material fílmico y sonoro y obras de pequeño y mediano formato apenas vistas por el público, procedentes, en su mayoría, de colecciones particulares.

La exposición se articula en torno a diecinueve ámbitos que se inician con una galería de retratos de los protagonistas, fotografías reunidas en “Vida de grupo”, en su mayoría tomadas por Man Ray. Le sigue la sección dedicada a “Los precedentes” del movimiento, con obras de Goya, Piranesi, Moreau -primera admiración artística de Bretón- y De Chirico (representado por la emblemática pintura metafísica Las musas inquietantes, 1925). Las posibilidades liberadoras y creativas del sueño, analizadas a partir de los estudios de Freud, se reflejan en obras de Roberto Matta, Francis Picabia, Yves Tanguy, Víctor Brauner y Dalí. Obras de Miró, Masson y Unica Zürn ilustran conceptos surrealistas como “El automatismo”, entendido como dictado del pensamiento al margen de cualquier consideración ejercida por la razón, la estética o la moral, y “El azar objetivo” o encuentro aparentemente casual de objetos y hechos determinantes.

En 1919 Freud escribió su célebre ensayo sobre “La inquietante extrañeza” -el desasosiego que provoca el encuentro entre objetos o situaciones familiares en contextos extraños-, presente en las obras de Magritte, Toyen, Óscar Domínguez y Dorothea Tanning (Pequeña serenata nocturna, 1943). La fascinación por “Lo maravilloso, lo oculto, lo mitológico y la locura” se manifiestan en obras de Eugenio Granell, Óscar Domínguez (El cazador, 1933), Matta, Magritte (Proyecto de cubierta para “Minotaure”, 1937) y André Masson, entre otros.

El apartado “Lo sublime terrorífico” incluye dibujos de Maruja Mallo y Óscar Domínguez y fotografías de Bellmer; mientras, “Lo informe” se refleja en las fotografías de Brassaï que Dalí, al ser publicadas en la revista Minotaure en 1933, denominó “esculturas involuntarias”.

La sección “La maga y la musa”, que incluye la célebre Negra y blanca (1926) de Man Ray cobra importancia en esta exposición que tiene especial interés en poner de relieve el papel de las mujeres artistas. Pintoras como Meret Oppenheim, Dorothea Tanning, Remedios Varo, Maruja Mallo, Leonora Carrington (Retrato de la difunta Sra. Partrige, 1947), Toyen, Kay Sage, Valentine Hugo, Leonor Fini, Hielen Agar, y fotógrafas como Dora Maar, Claude Cahun y Lee Miller, participaron activamente en las actividades del grupo surrealista aunque muchas de sus obras no empezaron a ser reconocidas hasta la década de los años ochenta.

El “Eros surrealista” incluye imágenes tan delicadas como El violín de Ingres (1924) de Man Ray junto a otras mucho más explícitas. “La mirada y la máscara”, dos temas recurrentes del surrealismo, tienen su expresión en obras de Tanguy, Remedios Varo, Dalí (Rapsodia moderna. Las siete artes, 1957), Man Ray, Cahun y Picabia. Otros apartados recogen otros temas que interesaron a los surrealistas: “Arte y compromiso político”, “ La naturaleza surrealista” o “París surrealista”, evocado mediante las imágenes de Brassaï, Lee Miller y Cartier-Bresson.

La sección “La mirada surrealista. Otra forma de exponer” recoge documentos relativos a las poco convencionales y a menudo provocativas exposiciones surrealistas, mientras “Cambiar la vida. Contra los tabúes” resume la lucha de los surrealistas contra lo convencional en el lienzo de Dalí La mano-Los remordimientos de conciencia, de 1930. Las nuevas técnicas artísticas y, sobre todo, la técnica del “cadáver exquisito” -obras realizadas colectivamente en las que se sigue el trabajo iniciado por otro artista sin haber visto su resultado- y la pasión fetichista por los más variados objetos -encontrados, transformados y procedentes de otras culturas- reunida en la sección “El objeto enigmático”, preceden al último apartado de la muestra, en el que se reúnen obras de Magritte, Tanguy (Día de lentitud, 1937), Joan Miró (Friso para la Exposición Internacional del Surrealismo (superstición-serpiente), 1947), Giacometti, Arp, Duchamp y Dora Maar (Sin título, 1934), entre otros, que ilustran el gusto surrealista por la metamorfosis.

Por último, un importante conjunto de documentos -libros, catálogos, revistas, panfletos, octavillas, invitaciones...- y una serie de audiovisuales completan la mirada caleidoscópica sobre las motivaciones del surrealismo, “medio de liberación total del espíritu y de todo aquello que se le parezca”, según un Manifiesto colectivo de 1925.

 

En la imagen:
Óscar Domínguez (1906 - 1957)
Le chasseur (El cazador), 1933
Oleo sobre lienzo, 61 x 50 cm
Museo de Bellas Artes de Bilbao

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