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ACTUALIDAD

29|09|21 Donación Óscar Alzaga

Pintura italiana de los siglos XVI y XVII

En la sala G hasta el 17 de octubre

 

La pintura italiana antigua aumenta significativamente su representación en la colección del museo gracias a la importante donación de Óscar Alzaga Villaamil (Madrid, 1942), catedrático y abogado, y figura de gran relevancia durante el periodo de la Transición española.

La generosa donación, con reserva de usufructo, incluye tres obras de indudable calidad artística, a la que se suma el interés histórico e iconográfico de los cuadros, pintados, respectivamente, por un autor aún no identificado del siglo XVI y por los maestros Orazio Gentileschi y Salvator Rosa.

Retrato de dama con niño (c. 1570-1580), de un pintor probablemente florentino, pasa a engrosar la secuencia sobre el retrato de corte que conserva el museo y que incluye importantes nombres de la pintura española, como Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz o Juan Carreño de Miranda, y flamenca, como Frans Pourbus el Joven. A ellos se incorpora ahora el singular retrato con elementos que apuntan a la moda y las artes decorativas de las cortes española e italiana de la segunda mitad del siglo XVI.

Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes (c. 1605-1612) es una pieza de valor excepcional para la colección, tanto por su magnífica factura como por el interés de haber pertenecido, posiblemente, a la hija del artista, la también pintora Artemisia Gentileschi. Además, se corresponde con una etapa inicial en la carrera de Orazio, instalado en Roma. El museo adquirió en fecha tan temprana como 1924 el impresionante lienzo Lot y sus hijas (c. 1628), realizado en Londres por encargo para el rey Carlos I de Inglaterra en un momento posterior de la trayectoria del artista.

Por último, Judá y Tamar (c. 1660) de Salvator Rosa supone el ingreso de este autor napolitano inédito en la colección a través de este expresivo modellino. Original en el tratamiento dramático de sus composiciones, Rosa lo es también aquí en la elección del tema, un episodio del Antiguo Testamento escasamente tratado en la historia de la pintura.

 


 

Anónimo italiano

Retrato de dama con niño (c. 1570-1580)
Óleo sobre lienzo. 195 x 123 cm
Donación Óscar Alzaga

Retrato de dama con niño (c. 1570-1580) -adscrito a un artista italiano anónimo, aunque las investigaciones más recientes concluyen que fue probablemente florentino- es un notable ejemplo de retrato cortesano, anteriormente atribuido a Sofonisba Anguissola. En una composición de largas dimensiones, el pintor representa a una mujer con porte rígido acompañada por un niño, su hijo o un paje, al que tiende un ramillete de claveles y jazmín, símbolo de amor o, quizá, ofrenda para un infante difunto. La dama se adorna con magníficas joyas y luce un elegante traje bordado en oro y plata, y guarnecido con gemas y perlas, propio de la moda cortesana de los Austrias. La indumentaria del niño, con jubón y chaleco con botonadura dorada y calzas ahuecadas, se asemeja a la ropa de entierro del séptimo hijo de Cosme I de Medici, en 1562, que se conserva en el Palacio Pitti de Florencia. Llama la atención la situación del niño, de pie sobre un pequeño mueble papelera con marquetería cuyo diseño deriva de las perspectivas creadas en 1560-1562 por el pintor y arquitecto Hans Vredeman de Vries, así como la gestualidad de las manos, que parecen sujetar un objeto que finalmente no fue pintado. A la originalidad de la puesta en escena de este doble retrato contribuye también la alfombra de manufactura española de Alcaraz (Albacete) o Cuenca.


Orazio Gentileschi
(Pisa, 1563-Londres, 1639)


Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes (c. 1605-1612)
Óleo sobre lienzo. 131 x 101 cm
Donación Óscar Alzaga

Orazio Gentileschi es el autor de esta espléndida composición que representa un conocido episodio del Antiguo Testamento. Describe el instante en que la joven viuda hebrea Judit, empuñando aún la espada, retira la cabeza del general asirio Holofernes, a quien ella ha seducido con el propósito de decapitarlo para librar la fortaleza de Betulia del asedio de su ejército.

Cuando la pequeña ciudad estaba a punto de la rendición, Judit se introdujo en el campamento de Holofernes acompañada por su sirvienta Abra con la intención de liberar a su pueblo del enemigo y de vengar el asesinato de su marido. Fue entonces capturada por los centinelas y llevada ante Holofernes, quien la invitó a un banquete en su tienda. Durante la cena se emborrachó y cayó dormido, ocasión que Judit aprovechó para decapitarlo con ayuda de Abra. El ejército asirio, ya sin su mando, levantó el asedio y huyó.

La heroína bíblica Judit encarna la fuerza moral, aunque a menudo, y en especial desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII, durante la Contrarreforma, simbolizó el triunfo de la Iglesia sobre la herejía. El tema alcanzó gran difusión en el Barroco y numerosos pintores lo trataron con éxito. Algunos reflejaron el momento de la huida del campo enemigo de las dos mujeres y otros, en clave más dramática, como Caravaggio o Artemisia Gentileschi, optaron por el momento de la decapitación. En el caso de la pintora, esta elección se ha relacionado con la violación que sufrió en 1611 por su colega Agostino Tassi. También Orazio Gentileschi representó este asunto en varias ocasiones, tratándose esta versión de la primera de ellas y en la que se basaría asimismo su hija Artemisia. Se corresponde con el periodo romano de Orazio, en el que, bajo la influencia de Caravaggio, se expresa con un modelado tenebrista y fuertes claroscuros. La obra ahora donada añade a su calidad el interés de haber pertenecido con gran probabilidad a Artemisia, a quien le habría sido robada, según se menciona en las actas conservadas del juicio contra Tassi.

Por último hay que destacar que en el siglo XVIII el cuadro perteneció al marqués Giuseppe Rondanini, importante mecenas, pasando después a la colección de Bartolomeo Capranica, tal y como indica la inscripción en el anverso de la pintura "B Capranica N 623".


 

Salvator Rosa
(Nápoles, 1615-Roma, 1673)

Judá y Tamar, c. 1660
Óleo sobre lienzo. 66,4 x 50,2 cm
Donación Óscar Alzaga

Por sus temas a menudo escabrosos y sus paisajes de atmósfera fantástica, la pintura del napolitano Salvator Rosaha sido calificada como prerromántica. La historia representada en el bello lienzo ahora incorporado al museo aparece relatada en el libro del Génesis. Judá, hijo de Jacob y perteneciente a la genealogía de Jesús, tuvo tres hijos: Er, Onán y Selá. El primero se casó con Tamar, quien, al enviudar sin descendencia, tuvo que desposarse con Onán, que tampoco le dio hijos al saber que no se le reconocerían como propios según la ley hebraica del Levirato. Dudando de que Judá le entregara a su tercer vástago, Tamar, que oculta su identidad, se ofreció a su suegro como prostituta. La escena se sitúa en un lugar indefinido al aire libre y recoge el momento en que el patriarca le da en pago su sello y el bastón, con los que ella pudo después demostrar que los gemelos concebidos en aquel acto eran, en efecto, hijos suyos. La pincelada suelta y el bello cromatismo empleado por el pintor crean una atmósfera clasicista cuyo equilibrio se trasgrede únicamente por el detalle del rostro velado de la protagonista y por la luz crepuscular que baña el encuentro.

La obra está documentada desde 1706 en la colección londinense del banquero Sir Francis Child, pasando a sus herederos hasta 1949, año en que se subastó por el noveno conde de Jersey en Londres y fue adquirida por el marchante holandés Daniël Cevat. El British Museum conserva un dibujo preparatorio de esta composición. Así mismo se conoce otra versión de parecidas dimensiones en una colección aristocrática bávara.

 


 

Óscar Alzaga Villaamil (Madrid, 1942) es abogado y catedrático de Derecho Constitucional. Hijo de bilbaínos, se licenció en Derecho en la Universidad de Madrid en 1964, adquiriendo en 1972 el título de doctor en la Universidad Autónoma de esa misma ciudad, institución en la que ya había comenzado a impartir clases tres años antes. Posteriormente ejerció la docencia en San Sebastián y Oviedo, para finalmente, en 1979, acceder por traslado a la cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de cuyo Departamento de Derecho Político fue director.

Su trayectoria política comenzó durante la década de 1960 al ser elegido en 1963 delegado de los estudiantes de su Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, siendo cofundador de la ilegal Unión de Estudiantes Demócratas y militando en diversas agrupaciones ilegales juveniles demócrata-cristianas, de algunas de las cuales fue fundador y secretario general. Desde 1977 fue miembro de la Directiva Nacional del Partido Demócrata Cristiano y cofundador de la Coalición Unión de Centro Democrático (UCD). Al año siguiente fue elegido diputado en el Congreso por dicha coalición, repitiendo en 1979, año a partir del cual fue presidente de la Comisión de Justicia e Interior. En 1981 aceptó, en forma singular compatible con su cátedra y con el ejercicio profesional de la abogacía, ser nombrado asesor del presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo, declinando en cinco ocasiones las ofertas de ser ministro. En 1982 se le eligió presidente del Partido Demócrata Popular.

En 1986 volvió a ser elegido diputado por Madrid, pero al año siguiente dimitió y abandonó de forma definitiva la vida política dedicándose a partir de entonces a su cátedra universitaria y al ejercicio de la abogacía en el despacho que había fundado en 1967.

Ha llevado a cabo una importante labor de difusión cultural, ejerciendo como asesor de editoriales y revistas, de algunas de las cuales fue cofundador, como Cuadernos para el Diálogo (1963), Discusión y Convivencia (1970), Revista Española de Derecho Político o Teoría y Realidad Constitucional. Ha formado parte, entre otros, de los patronatos de las fundaciones Ortega y Gasset, Humanismo y Democracia, Luis Vives y Acción contra el Hambre, y presidido el Patronato de los Museos fundados por el Marqués de la Vega Inclán (Museo Romántico de Madrid, Casa del Greco de Toledo y Museo Casa de Cervantes de Valladolid). Igualmente ha sido vicepresidente de la Fundación Luso-Española.

El 2010 ingresó como académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Ha presidido el Consejo Asesor de la Fundación Acción contra el Hambre. Hace unos días ha visto la luz su último libro, La conquista de la Transición (1960-1978). Memorias documentadas. En 2017 donó seis de sus obras al Museo del Prado, junto con los recursos precisos para que este comprase una séptima obra.