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ACTUALIDAD

21|09|12 Presentación de la nueva sala Sorolla

El museo dedica una sala monográfica al pintor Joaquín Sorolla, gracias a la colaboración desinteresada de particulares que han cedido, en calidad de depósito, un total de 22 pinturas pertenecientes a sus colecciones.

La selección de obras se presenta de forma permanente en las salas del primer piso del edificio antiguo del museo, dedicadas a las primeras décadas del siglo XX, gracias a la incorporación de obras procedentes de estos depósitos, firmados por una duración inicial de 3 años prorrogables. Para esta primera presentación se ha seleccionado un total de 7 pinturas, que se presentan en la sala 25 con la particularidad y el interés añadido de que 5 de ellas son piezas destacadas del extenso corpus de obras pintadas por Joaquín Sorolla (Valencia, 1863–Madrid, 1923) en el transcurso de sus numerosas estancias en el País Vasco.

Este conjunto viene a enriquecer la representación de Sorolla en la colección del museo, hasta ahora formada por 3 pinturas destacadas –El beso de la reliquia (1893) (sala 18), el Retrato del pintor Mañanós (1903) (sala 19) y el Retrato de Unamuno (c. 1912) (sala 29)–, y a conformar una significativa selección de la obra de uno de los artistas más importantes de la pintura española en el tránsito entre los siglos XIX y XX. Se suma a la extensa representación de artistas vascos de ese mismo periodo y, sobre todo, a la de Ignacio Zuloaga (Eibar, Gipuzkoa, 1870–Madrid, 1945), de quien el museo posee 8 pinturas destacadas, así como diversos dibujos y el emblemático lienzo La víctima de la fiesta (1910), depositado por la Hispanic Society de Nueva York. Sorolla y Zuloaga compartieron protagonismo en el panorama artístico del cambio de siglo, además de una temprana fortuna crítica y una importante proyección internacional, con numerosas exposiciones y encargos en París, Berlín, Londres o Estados Unidos.

Sorolla en el País Vasco

En 1889, en su viaje de vuelta de Roma, en donde frecuentó a la numerosa colonia de artistas vascos allí establecida, Joaquín Sorolla conoció el País Vasco. Tras una parada en París, se estableció unos días en San Sebastián. Es, pues, una fecha muy temprana en su biografía a partir de la cual, y hasta 1910, hará cortas estancias, a menudo, de nuevo en su camino hacia París, que aprovechará para tomar apuntes y pintar obras de pequeño formato. Descrubrió en la costa cantábrica una luz húmeda y un colorido de verdes y grises diferentes a los de las playas meridionales. Además, en esos momentos, desde que la reina Isabel II decidiera pasar sus veranos en Zarautz, las playas del norte eran lugar de residencia estival de la familia real, la aristocracia y la alta burguesía, así que Sorolla encontró aquí no sólo los nuevos motivos pictóricos que le proporcionaba este ambiente elegante y refinado de ocio veraniego, sino también una nutrida clientela ansiosa por ver y adquirir sus obras. A partir de entonces, el pintor regresaría en numerosas ocasiones, casi siempre acompañado por su familia. 

En el verano de 1906 se instalan en Biarritz y San Sebastián para pintar playas y escenas de costa. En 1910 viajan a Zarautz, donde Sorolla retrata a su familia en la playa y, a causa del tiempo cambiante, pinta escenas de interiores de tabernas con pescadores bebiendo. De este momento destacan, precisamente, los tres lienzos El borracho, Asando sardinas y Bebedor de sidra, que forman parte del depósito que, a partir de ahora, podrá verse en la sala 25 del museo.

En 1911 veranea por primera vez en San Sebastián tras regresar de San Luis y Chicago, en donde la Hispanic Society de Nueva York había organizado, con gran éxito, su segunda exposición itinerante. En 1912 pasa la primera quincena de julio en Biarritz pintando los retratos de Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America de Nueva York, y de su esposa. El resto del verano se instala en San Sebastián, desde donde viaja para hacer estudios de tipos del Roncal con destino al panel dedicado a Navarra de la Hispanic Society. Durante la primera quincena de septiembre de ese mismo año pinta en la localidad vizcaína de Lekeitio.

En septiembre de 1913 viaja de nuevo a San Sebastián para entrevistarse con el rey Alfonso XIII. En 1914 regresa allí con su familia para terminar el cuadro del País Vasco -Los bolos, Gipuzkoa- para la Hispanic Society. En 1917 pasa el verano con su familia en Villa Sorolla, situada en la carretera del faro, en las faldas del monte Igueldo de San Sebastián. También se instala allí el siguiente verano, tomando numerosos apuntes y pintando escenas de playa y del entorno de la ciudad, y una veintena de obras con el rompeolas y el monte Ulía al fondo como tema, que reflejan con pincelada suelta diversos estados del mar y del paisaje costero.

Los veranos de 1920 y 1921, ya muy enfermo, Sorolla es trasladado por su familia a Villa Sorolla. Serán los últimos antes de su fallecimiento en casa de su hija María en Cercedilla (Madrid) en 1923.


Sala Sorolla (Las obras)

1.– El borracho. Zarauz, 1910
Óleo sobre lienzo. 115 x 140 cm

2.– Asando sardinas. Zarauz, 1910
Óleo sobre lienzo. 142 x 205 cm

3.– Bebedor de sidra. Lequeitio, 1910
Óleo sobre lienzo. 167 x 115 cm

Sorolla empezó a pintar las playas del Cantábrico hacia 1900 y, entre ellas, especialmente la de San Sebastián. Era entonces lugar de veraneo de la familia real y la aristocracia, y esto le permitía retratar a las elegantes damas bajo la luz del norte, con un cromatismo propio y muy diferente al de las playas de su Valencia natal. Expuso estas obras en Nueva York en 1909 y alcanzaron gran éxito, por lo que en el verano de 1910 viajó con su familia a Zarautz, por entonces residencia estival de la reina Isabel II, en una nueva campaña pictórica y en busca de nuevos motivos.

Pero ese año hizo mal tiempo y no pudo trabajar mucho en la playa, por lo que decidió dedicarse, también, a pintar cuadros de gran formato con representaciones de interiores de tabernas con marineros. De este conjunto de pinturas, unas 25 entre estudios y cuadros, destacan las 3 que aquí se presentan, pues constituyen un episodio singular dentro de la obra de Sorolla. La representación de estos tipos vascos provoca una especie de vuelta a los orígenes, en donde Sorolla se muestra cercano a la pintura realista de la escuela española del siglo XVII, tan admirada por él, y a la pintura flamenca y holandesa, en la que este tipo de temas de género sobre las tabernas y su humilde clientela fueron abundantes. Por otra parte, la expresividad directa y el cromatismo contenido con el que retrata estos ambientes y tipos populares logran escenas de gran veracidad expresiva, tal y como se aprecia tanto en los grupos de Zarautz como en la solitaria figura del bebedor de sidra de Lekeitio.


4. – María pintando, 1905
Óleo sobre lienzo. 100 x 50 cm

Los retratos del entorno familiar de Sorolla forman un capítulo destacado de su producción y reflejan la evolución de su estilo y su enorme calidad como retratista. A menudo pintó a su mujer Clotilde y a sus tres hijos María, Elena y Joaquín, bien en retratos o bien como protagonistas de escenas de género o de actividades cotidianas. Éste representa a María, la hija mayor de Sorolla, pintando, afición que cultivó desde niña y que procuraba gran satisfacción a su padre. El boceto deja constancia de la recomendación de Sorolla a su hija de pintar al aire libre. Se conservan también varias fotografías y otros lienzos, como María pintando en El Pardo (1907), que reflejan esta actividad.


5. – Muchachas en San Sebastián, 1912
Óleo sobre lienzo. 92 x 80 cm

En el verano de 1912 Sorolla está en San Sebastián y pinta medio centenar de apuntes de sus playas, jardines y vistas. En éste capta con gran frescura la espontaneidad del gesto y la pose desenvuelta de tres muchachas, las hijas del pintor María y Elena y su sobrina Mª Teresa García Banús. El encuadre, el plano del suelo que da base a la composición y el tratamiento de la luz y las sombras remiten a la fotografía, cuya influencia llegó a la pintura de Sorolla a través de la estrecha relación que mantuvo con su suegro, Antonio García, uno de los fotógrafos profesionales españoles de mayor prestigio en la época. Desde San Sebastián, el pintor viajó en agosto para pintar in situ y del natural los tres grandes cuadros preparatorios sobre tipos del Roncal.


6.– Tipos del Roncal, 1912
Óleo sobre lienzo. 200 x 150 cm

La escena muestra una de las ceremonias más antiguas de Europa, que desde el año 1375 se celebra cada 13 de julio para conmemorar el fin de una disputa entre el valle francés de Baretour y el valle navarro de Roncal. Dos figuras a tamaño natural, que muestran la huella de la pintura de Velázquez y Manet, aparecen ataviadas con trajes del siglo XVII sobre un fondo de banderas. El cuadro, que algunos críticos consideran de calidad superior a la versión definitiva, sirvió como preparación para el panel dedicado a Navarra en la Hispanic Society de Nueva York.


7.– Mocita andaluza, 1914
Óleo sobre lienzo. 120 x 90 cm

El cuadro fue realizado en Sevilla mientras Sorolla pintaba el panel de los nazarenos con destino a la Hispanic Society de Nueva York. Hizo también otros retratos de mujeres, quizá no ajenas al mundo de la prostitución, caracterizados, como en este caso, por la sólida presencia de la figura femenina, la acusada personalidad de su rostro y la delicada luminosidad del fondo.

 


Joaquín Sorolla (Valencia, 1863–Madrid, 1923)

Joaquín Sorolla mostró una temprana inclinación por el dibujo y la pintura, y comenzó pronto su aprendizaje artístico asistiendo a las clases nocturnas de dibujo que dictaba el escultor Cayetano Capuz en la Escuela de Artesanos de su ciudad natal. En 1879 estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. En 1881 viajó a Madrid, en donde, tras visitar al Museo del Prado, se despertó su admiración por El Greco, Ribera y Velázquez.

Poco después, en 1885, obtuvo una pensión para estudiar en Roma y desde allí se trasladó pronto a París. A partir de 1890, establecido ya en Madrid, Sorolla inició su afianzamiento artístico. En 1895 obtuvo la medalla de primera clase con la obra Aún dicen que el pescado es caro, que muestra su adhesión al realismo social. También alcanzó gran reconocimiento con el género del retrato, que le valió numerosos encargos en Madrid y París. La fama internacional y el éxito de crítica y ventas le llegaron con las exposiciones de París (1906) y Nueva York (1909).

Su estilo, denominado “luminismo”, se basa en el reflejo de la luz meridional y en el uso de un colorido untuoso que Sorolla aplica con largas pinceladas para representar personajes y actividades populares. Uno de los ejemplos más célebre es Niños en la playa (1910), perteneciente al Museo del Prado.

Su obra más ambiciosa son los 14 paneles de temática regional española que realizó con destino a la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York, entre 1912 y 1919. En esta empresa empeñó los últimos años de su vida sin poder verla terminada, ya que en 1920 sufrió un ataque de hemiplejia en su casa de Madrid y falleció tres años después. No pudo apenas disfrutar de su nombramiento como profesor de colorido y composición en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (en septiembre de 1919), ni de la inauguración de su obra maestra en Nueva York, que tuvo lugar tres años después de su muerte.


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