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Exposiciones

La Obra Invitada es un programa original del Museo de Bellas Artes de Bilbao con el que pretende acercar a nuestro público obras singulares de otros museos y colecciones públicas y privadas, con el propósito de enriquecer la visión de autores presentes en la colección del Museo o, como en este caso, de mostrar autores no representados.

El programa comenzó en 2001 con la escultura Bilbao de Richard Serra, perteneciente a una colección particular, y continuó en 2002 con Figure de Pablo Picasso, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid). En 2003 las obras seleccionadas fueron las pinturas La iglesia de Notre-Dame de Burdeos de Oskar Kokoschka, del Museo de Bellas Artes de Burdeos, Nadadora. Jávea de Joaquín Sorolla, del Museo Sorolla de Madrid, y La alacena de Antonio López, procedente de una colección particular. Desde 2004 el programa cuenta con el patrocinio de la Fundación Santander Central Hispano, que inauguró su colaboración prestando una de las obras más notables de su colección, la Anunciación de El Greco. Durante el pasado verano, se presentaron dos óleos de Canaletto y un dibujo de Guardi (Colección Juan Abelló, Madrid) y, más recientemente, Carnero de Zurbarán (Colección Plandiura, Barcelona).

Procedente del Museo Toulouse-Lautrec de Albi -institución que conserva más de mil obras del pintor, nacido en esa localidad francesa-, A la toilette (óleo sobre tabla, 60,8 x 49,6 cm) es una obra emblemática en la producción de Toulouse-Lautrec que, ejecutada en tonos cálidos, representa a una mujer en la intimidad de su tocador. Fechado en 1898, la atmósfera melancólica del cuadro se corresponde con la sensibilidad introspectiva característica de la obra final del pintor.

Cronista por excelencia de la bohemia parisina de la segunda mitad del siglo XIX, Henri de Toulouse-Lautrec (Albi, 1864 – Saint André-du-Bois, 1901) retrató en este cuadro a "Madame Poupoule", una célebre prostituta y ocasional modelo del artista a quien pintaría posteriormente en otras dos ocasiones, en 1899 y 1900.

Toulouse-Lautrec nació en el seno de una aristocrática familia de Albi. Fue un niño débil y enfermizo que comenzó a pintar tempranamente y cuyas piernas dejaron de crecer como resultado de una extraña enfermedad en los huesos. Su aprendizaje como pintor comenzó en 1882 con Léon Bonnat y Fernand Cormon, de quienes recibió una formación artística tradicional dentro de la estética del Naturalismo. Simpatizó con las propuestas de los pintores impresionistas, que le permitieron familiarizarse con un arte alejado de toda representación ideal y que ante todo trataba de mostrar la realidad más cercana al artista. Su inicial interés por las posibilidades expresivas de la pincelada y el color se vió enriquecido por el descubrimiento de los grabados japoneses, que llegó a coleccionar. Al igual que a Manet, Degas o Renoir, le interesó trasladar a sus cuadros la variedad de temas que la vida moderna ofrecía, en especial a través de situaciones y personajes que encontraba en Montmartre. Este barrio parisino se convirtió en el centro de la vida y de la carrera de Toulouse-Lautrec, y fue inmortalizado por el artista en cientos de cuadros, carteles y grabados de dibujo enérgico y vivo cromatismo que concedieron a su obra una gran popularidad.

A la toilette es una obra intimista, muy cercana al espíritu de Degas, y ejemplo del cambio de sensibilidad que tuvo lugar en la obra de Toulouse-Lautrec durante la década de 1890, un periodo en el que se agravan sus problemas con la bebida hasta el punto de provocar en 1899 su internamiento durante unos meses en una clínica psiquiátrica. En este sentido, mientras que al comienzo de su carrera había estado interesado en evocar los aspectos más alegres de la vida nocturna parisina, durante sus últimos años el pintor retrató a bailarinas, coristas y prostitutas como personas aisladas y melancólicas.

En esta pintura, ejemplo del género de la toilette femenina que interesó a gran número de artistas a lo largo del siglo XIX, y entre ellos Courbet, Manet o Seurat, "Madame Poupoule" aparece sentada frente a su tocador y observando ensimismada su imagen en el espejo. El pintor ha simplificado los elementos escenográficos y sólo ha dispuesto en el primer término unos pocos objetos. Sorprendida en el momento del aseo, la mujer aparece perdida en su propia contemplación y, aunque los cabellos rojizos ocultan parte del rostro, su mirada y el gesto de la boca muestran la desilusión que le provoca su examen ante el espejo.

Como intercambio, el Museo de Albi exhibirá del 13 de diciembre de 2004 al 6 de marzo de 2005 la obra de Robert Delaunay Mujer desnuda leyendo, fechadaen1920 y perteneciente a la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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