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Exposiciones

La exposición toma su título de la película Roma, ciudad abierta (1945) del director italiano Roberto Rosellini, cuyo innovador estilo documental transformó la representación de la vida urbana tanto en el cine como en la fotografía. La imagen de una ‘ciudad abierta’ ha sobrevivido en el tiempo, presentando el contexto urbano como una fuente de espontaneidad, innovación, autenticidad y artificio, y sirve de argumento a esta exposición.
Las fotografías de Nigel Henderson fueron realizadas a principios de los años cincuenta en Bethnal Green, al este de Londres, en donde vivió desde 1945. Sus obras presentan un estilo muy personal, dejando que la imaginación del espectador descubra el aspecto global de las calles en las que están tomadas sus imágenes. Robert Frank y William Klein conservaron el realismo del foto-reportaje, pero actuando como observadores independientes y subjetivos. De Frank se presenta parte de su serie The Americans, realizada entre 1955 y 1956, en la que ofrece una imagen de los Estados Unidos alejada del optimismo del ‘sueño americano’. En las fotografías borrosas, con grano y de gran contraste de Klein, por su parte, el caos de Nueva York se convierte en una ordenada y compleja composición. Garry Winogrand utilizó el distorsionador lente gran angular para lograr un contraste social y estructural mayor. Lee Friedlander también hace uso de esta lente e integra en su obra elementos que para otros fotógrafos serían obstáculos o distracciones en el momento de tomar una fotografía. Las imágenes de Daido Moriyama y Nobuyoshi Araki, realizadas en las calles de Japón, son escenas cotidianas, casuales o planificadas, que captan la diversidad de la vida urbana en ese país. William Eggleston y Raghubir Singh trabajaron exclusivamente con películas en color. El primero lo utiliza para plasmar la intensidad y la familiaridad de la existencia cotidiana, mientras que Singh, con colores vivos y fuertes contrastes, capta aspectos del caos de las calles de India. Susan Meiselas también utiliza el color, aunque, como vemos en las imágenes realizadas en Nicaragua, para mostrarnos una inquietante relación entre peligro, amenaza, extravagancia y vulgaridad. Jeff Wall y Thomas Struth exploran las posibilidades de la cámara de gran formato, que les permite presentar unas imágenes y una narrativa con una escala sin precedentes. Struth estudia las conexiones entre diferentes entornos urbanos y sus identidades culturales; Wall muestra su interés por el lenguaje cinematográfico. La relación entre el cine y la fotografía aparece también en la obra de Allan Sekula y Catherine Opie. La proyección de diapositivas de Sekula, que muestra la salida de los trabajadores de una fábrica, nos remite a una de las primeras películas de los hermanos Lumière sobre el mismo tema. Opie capta el siniestro vacío de las calles de St. Louis, que parecen escenarios teatrales, y la vertiginosa arquitectura de Wall Street, en Nueva York. Terence Donovan y Wolfgang Tillmans utilizan la calle no sólo como escenario para lo documental, sino también para su trabajo comercial y artístico. Así, Donovan utiliza las fachadas y fábricas del londinense East End para dar un aire realista a la presentación de alta costura y trabajos publicitarios. Nikki S. Lee, Beat Streuli y Philip-Lorca diCorcia replantean las cuestiones relativas a la autoría y a la relación entre el fotógrafo y el sujeto fotografiado. Así, Lee se hace retratar por cualquier paseante, al que pide que tome la fotografía con una cámara instantánea. Streuli utiliza a menudo teleobjetivos para captar el paso de gente anónima, a la cual separa por unos instantes de la multitud que le rodea. En el caso de DiCorcia, son los propios peatones, y no el fotógrafo, quienes activan los sensores que disparan la cámara.

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