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Exposiciones

El programa La Obra Invitada dio comienzo en 2001 con el objetivo de presentar obras temporalmente cedidas por otras instituciones, que adquieren nuevo significado e interés al ser presentadas en el contexto de la colección permanente del museo. Desde 2004 la Fundación Banco Santander patrocina esta iniciativa, haciendo posible la organización de varias convocatorias anuales y, en ocasiones, prestando obras de su propia colección. Desde su inicio, el programa ha tenido 43 convocatorias que han permitido contemplar de esta forma tan singular 50 obras, incluida la que ahora se presenta. Entre ellas, obras de Berruguete, Morales, Van Dyck, Tintoretto, Artemisia Gentileschi, Canaletto, Fortuny, Monet, Sorolla, Picasso, Chillida, Hockney, Freud, Rubens, Turner, Magritte  o, más recientemente Friedrich.

En esta ocasión se presenta una pieza emblemática de la pintura vasca de comienzos del pasado siglo, perteneciente a los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Se trata del lienzo de proporciones monumentales El marino vasco Shanti Andía, el Temerario, pintado por Ramón de Zubiaurre (Garai, Bizkaia, 1882-Madrid, 1969) en torno al año 1924.
Al interés artístico de la obra se suma el hecho de que su origen se sitúa en la ilustración del conocido libro de Pío Baroja (San Sebastián, 1872-Madrid, 1956) Las inquietudes de Shanti Andía, cuya primera edición vio la luz años antes, en 1911. Es una novela de madurez y la primera de las que su autor dedicó al mar. En el encargo para la reedición del libro en 1920 participó también el pintor y grabador Ricardo Baroja (Minas de Río Tinto, Huelva, 1871-Vera de Bidasoa, Navarra, 1953), hermano de Pío.
El cuadro se expone ahora en la sala 31 del edificio antiguo del museo, en donde se muestran también otras obras del mismo autor, aunque con un tono y unos recursos estéticos diferentes, lo que da una idea de la variedad de temas e intereses de Ramón de Zubiaurre. Así, El marino vasco Shanti Andía, el Temerario (c. 1924) representa el lenguaje postimpresionista, mientras que Retrato de mi hermana Pilar (c. 1911) y Los intelectuales de mi aldea (c. 1912-1913), pertenecientes a la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao y de cronología anterior, encarnan, respectivamente, el simbolismo refinado de un retrato familiar y el costumbrismo visto con la característica ironía que el autor emplea en otras composiciones similares.
Ramón de Zubiaurre tuvo su primer aprendizaje en la Academia de San Fernando de Madrid y durante un viaje a París y los Países Bajos. Tras una primera etapa como paisajista se dedicó al género retratístico, con el que obtuvo una amplia clientela durante la segunda década del siglo y, a partir de 1921, en sus largas estancias en Argentina y Chile. Con trayectoria artística e inquietudes muy similares a las de su hermano mayor Valentín, Ramón de Zubiaurre es considerado un pintor más audaz y moderno que aquél, y tuvo una extensa producción artística, que le llevó a exponer con reconocimiento en España, Europa y América.



Esta obra es posiblemente una de las más emblemáticas de su autor, el pintor vasco Ramón de Zubiaurre y Aguirrezabal (1882-1969), quien logró con ella en 1924 uno de los galardones más importantes de su carrera artística y uno de los más codiciados por los artistas de la época, la medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid. Esto conllevó la incorporación del cuadro a los fondos del antiguo Museo de Arte Moderno de la capital, y por ende, a los de uno de sus herederos, el actual Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La data aproximada del cuadro que ahora tenemos la oportunidad de contemplar en el Museo de Bellas Artes de Bilbao debemos relacionarla con el cometido que en 1920 Ramón de Zubiaurre y Ricardo Baroja asumieron de ilustrar la reedición de una conocida novela del hermano de este último, Pío Baroja, titulada Las inquietudes de Shanti Andía, que había sido publicada por vez primera en 1911. Tal vez para resarcirse del discreto formato en blanco y negro de las estampas que ilustraron la citada novela, el pintor decidió crear esta obra de potente cromatismo y proporciones murales.

Zubiaurre acude a la estética primitivista del postimpresionismo francés (Gauguin, los nabis…) situando ante nosotros la escultórica y petrificada efigie de un experimentado lobo de mar, cuya mirada y expresión (recuérdese la sordera del pintor a la hora de interpretar este tipo de recursos gestuales en su pintura) no puede dejar de evocar la de otras figuras que protagonizaron muchos cuadros suyos de temática costumbrista.

Observamos en la composición dos partes divididas por una diagonal sólo interrumpida por el “colombino” movimiento del personaje principal, reforzada en cambio por el de la tripulación al tratar de mantener erguido el velamen del navío frente a la zozobra del impetuoso mar. La calidez cromática de las típicas vestimentas marineras de algunos de ellos, incluida la del propio Shanti, equilibra las tonalidades azules y verdosas que predominan en el resto de los elementos, en especial el amenazante oleaje. Zubiaurre parece servirse de estas características cromáticas con fines simbólicos presentando la acalorada lucha humana frente a la frialdad de la Naturaleza.

La escena podría referirse a algunos pasajes concretos de la novela, como el capítulo titulado “La tempestad”, donde el protagonista, haciendo honor a la adjetivación de “temerario” que le dio el pintor, se hace a la mar en pleno temporal. Pese a tan trágica circunstancia, Zubiaurre no renunció a recoger en su cuadro la epicúrea personalidad del marino vasco, quien en los primeros pasajes del libro ya se autodefinía inequívocamente diciendo: “Según la gente de mi pueblo, la indolencia mía ha sido de esas extraordinarias: borrascas, tempestades, rayos, truenos, nada ha logrado sacarme de mi pasividad habitual”.

Texto: Rebecca Guerra Pérez


Ramón de Zubiaurre (Garai, Bizkaia, 1882-Madrid, 1969)
El marino vasco Shanti Andía, el Temerario, c. 1924
Óleo sobre lienzo. 202 x 153 cm
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Colaborador:

El marino vasco Shanti Andía, el Temerario

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