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Exposiciones

Bajo el título Entre Picasso y Dubuffet. La Colección Jean Planque la Obra Social "la Caixa" y el Museo de Bellas Artes de Bilbao trazan un recorrido por el arte del siglo XX a través de unas 150 obras de 50 artistas que rinden homenaje al prestigioso coleccionista suizo Jean Planque (1910-98), apasionado connoisseur que trabajó como asesor de la prestigiosa Galería Beyeler de Basilea.

Las obras proceden la Fondation Jean et Suzanne Planque (Lausanne, Suiza), creada en 1997 por el propio Jean Planque, y entre los artistas representados, algunos de los más importantes del pasado siglo, están Pierre Bonnard, Paul Cézanne, Edgar Degas, Robert y Sonia Delaunay, Jean Dubuffet, Paul Gauguin, Juan Gris, Paul Klee, Fernand Léger, Manolo Millares, Claude Monet, Pablo Palazuelo, Pablo Picasso, Odilon Redon, Pierre-Auguste Renoir, Georges Rouault, Antoni Tàpies, y Vincent Van Gogh.

"He amado más a los cuadros que a la vida", solía decir. Sencillo, discreto y tímido, de origen modesto e incluso "ignorante en todo", según sus propias palabras, dotado de muy buen ojo, lo cierto es que Jean Planque  no sólo logró reunir decenas de obras de los maestros de las vanguardias, sino que trabó amistad con muchos de ellos, como es el caso de Jean Dubuffet, quien le enseñó a "saber mirar", y Pablo Picasso, con quien compartía el don de "sentir las pinturas".

La exposición, comisariada por Florian Rodari,conservadordela Fondation Jean et SuzannePlanque, es un homenaje a la figura de este prestigioso coleccionista, amigo de pintores y asesor, entre 1954 y 1972, de la famosa galería Beyeler de Basilea. Tres fueron los artistas que hicieron mella en sus elecciones. La influencia de Paul Cézanne, su modelo absoluto, le llevó a reunir obras de cubistas como Picasso, Laurens y Léger. Este influjo fue subvertido tras el encuentro con Dubuffet, quien le abrió las puertas del art brut. La complicidad con Picasso, a quien frecuentó cuando éste ya era mayor, le permitió hacer la síntesis entre innovación y tradición. Asimismo, reunió varias obras de artistas atraídos por la materia pictórica, casi todos ellos españoles, como Clavé, Tàpies y Aguayo. También adquirió telas de representantes de la Escuela de París, como Sonia Delaunay y Roger Bissière.

"Es muy probable que dentro de cincuenta años los cuadros que he logrado reunir ya no tengan ningún interés. Pero lo que no se podrá borrar es lo que he hecho con mi vida: mi fabuloso destino. Lo que he llegado a ser, a partir de la nada, sin cultura, sin fortuna. Todos aquellos a quienes he conocido, a quienes he tratado. De eso sí estoy orgulloso", constató Jean Planque, aunque erró en el primer punto. Una de las muestras más reveladoras de la calidad del conjunto de obras que reunió el artista es el interés y la admiración que todavía hoy despierta entre los grandes conocedores de la pintura del siglo xx. Conservadores de museos e historiadores de arte comprueban cada día la excepcional calidad de la mirada de este aficionado cuyo "ojo" fue temido y admirado en vida.

La relación entre Jean Planque y el galerista Ernst Beyeler se inició en 1954. A principios del verano de ese mismo año, el pintor Walter Schüpfer aconsejó a Beyeler que fuera a ver a Planque. Ambos ya habían hablado en varias ocasiones de aquel "parisino" que frecuentaba los museos y las galerías de la capital francesa. Para entonces, a Jean Planque apenas le quedaba dinero. Hacia 1945 había logrado hacerse con cierto capital al inventar un concentrado químico para alimentar animales, lo que le permitió un cierto desahogo económico, así como adquirir las primeras obras de su colección, pero el dinero fue menguando. Cuando Beyeler le propuso que trabajara para él, no lo dudó ni un instante. De un modo directo, sencillo y basado en la confianza mutua, nació una colaboración que duraría casi veinte años (hasta 1972) y que se convertiría en una de las más fructíferas del mercado del arte de la posguerra en Europa.

Entre 1955 y 1972, Planque se dedicó exclusivamente a la caza de cuadros: de una galería a otra, visitando museos, frecuentando talleres de artistas e interrogando a agentes. Fue libre para comprar lo que creía que valía la pena para la galería Beyeler. "Los agentes y marchantes me iban detrás. Estaba al corriente de todo cuanto sucedía en el mercado parisino, o casi. Y no paraba de comprar. Y Beyeler conseguía vender sin parar. Beyeler me dejó actuar con toda libertad, jamás se opuso a mis decisiones. Nunca me hizo ningún reproche. Aceptaba todas mis decisiones, todo lo que le compraba le parecía bien. Trabajábamos en total armonía y el ambiente era también absolutamente cordial. Sé que eso es algo muy raro en esta profesión", admitió Planque.

Al margen de las compras que hacía para Beyeler, Planque pudo formar su propia colección. Reinvertía el tanto por ciento pactado como beneficio para adquirir obras para su disfrute personal. Así, fue haciéndose con una colección que hoy es alabada por los expertos por su exigencia en las elecciones, la extrema coherencia del conjunto y la rara exquisitez de algunas de las obras.

Planque se sentía limitado por sus escasos recursos. Además, nunca revendía sus propias adquisiciones, pues su objetivo no era hacer negocio, sino conservar las obras para deleite personal. Esta escasez de medios orientó su estrategia. Por un lado, supo aprovechar el momento oportuno para adquirir obras de pintores cuya cotización todavía no se había establecido; por otro lado, gracias a la relación cordial que tenía con los artistas, pudo, en más de una ocasión, comprarles las obras directamente a ellos; algunos, como Dubuffet, se mostraron espléndidamente generosos con él. A Planque le gustaba hacer pequeños favores: fueron muchos los coleccionistas, galeristas y herederos de grandes maestros quienes, en señal de agradecimiento, le hicieron importantes donaciones (como es el caso del hijo de Claude Monet).

 

LOS SIETE ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

 
Introducción

Jean Planque, un hombre de humilde origen campesino, descubrió el arte a finales de los años veinte al ver la obra de Paul Cézanne en el escaparate de una galería. Este encuentro fortuito marcó su vida para siempre. Gracias a una serie de felices coincidencias, pudo desarrollar su pasión por el arte trabajando como asesor de la prestigiosa galería Beyeler entre 1954 y 1972. Frecuentó a los marchantes de París y estableció relaciones de confianza con un gran número de coleccionistas y artistas. Su actividad al servicio de dicha galería le permitió reunir diversas telas y dibujos de los maestros de los siglos xix y xx. Entre Picasso y Dubuffet. La Colección Jean Planque, formada por 150 obras de 50 artistas diferentes, es el fruto de una mirada entusiasta sobre la pintura moderna. Una mirada preocupada por entender un arte que durante decenios se esforzó en cambiar los hábitos visuales, en romper las normas establecidas por la tradición. La exposición muestra una parte importante de la colección de un hombre apasionado por el arte y permite hacer un recorrido por la obra de los artistas más destacados del siglo xx.

Planque y sus amigos

Jean Planque se inició en la pintura en 1929. Casi siempre pintó «a la manera de», hasta el punto de que se ha llegado a decir que coleccionó los cuadros que le habría gustado pintar. Además de su amistad con maestros como Jean Dubuffet o Pablo Picasso, Jean Planque mantuvo durante toda su vida estrechas relaciones con artistas menos conocidos, pero que fueron importantes para él por diversos motivos. Por ejemplo, Walter Schüpfer fue el primero en guiarlo por el camino de la pintura y quien propició su encuentro con el galerista Ernst Beyeler. Planque mantenía relaciones de igual a igual con los artistas y protegía su obra comprando telas y dibujos o divulgando su arte en los círculos que frecuentaba.

Los maestros

Como asesor de la galería Beyeler, Planque tuvo ocasión de adquirir algunas obras de artistas prestigiosos, como Van Gogh, Monet, Degas, Gauguin o Cézanne. De los artistas que Jean Planque prefería, Cézanne fue su referente más importante. El ejemplo del maestro de Aix-en-Provence le enseñó a considerar el cuadro como un lenguaje aparte, autónomo, fruto doble de la visión y de la expresión. Gracias a esta lección, las elecciones de Planque se inclinaron hacia obras sólidamente construidas, reflexionadas, que excluían todo preciosismo y exaltaban la primacía de la superficie en detrimento de la ilusión.

De la abstracción al arte informal

El descubrimiento de la obra de Paul Klee transformó la manera que tenía Jean Planque de ver el arte y abonó el camino para que éste descubriese la importancia del arte informal. Jean Planque recorrió galerías y estudios en busca de artistas que podía aconsejar al galerista Ernst Beyeler y a la vez coleccionar las obras por un precio asequible. Durante sus peregrinajes a París se apasionó por la obra de Staël, de Vieira da Silva, de Bazaine y, sobre todo, de Roger Bissière, de quien reunió un considerable conjunto de obras. También lo fascinaron otros artistas como Tobey, Hantaï o Michaux.

Un gusto marcado por la materia

Gran amante de la naturaleza, Jean Planque profesó un gusto marcado por la pintura matérica. Le gustaban las materias terrosas, las superficies de arena mezclada con pigmentos naturales, materiales transformados por el azar o por voluntad del artista. Su gusto por los suelos áridos, nacido con las Materiologías de Jean Dubuffet, se encuentra en muchas de sus elecciones, sobre todo entre los representantes de la escuela española, como Aguayo, Millares, Tàpies o Toledo. Tuvo con todos estos artistas un contacto directo, y se esforzó en establecer una amistad duradera con Clavé y Kosta Alex, a quienes llamaba sus dos "hermanos".

Dubuffet y el art brut

Las obras que Jean Planque consiguió reunir de Dubuffet reflejan una opción estética y también testimonian la historia de una amistad. Fue Dubuffet quien enseñó a Planque a ver el arte con otros ojos y a seguirlo en su pasión por los artistas del art brut. Lo que distingue a los artistas marginales que coleccionó, como Louis Soutter, Aloïse o Benjamin Bonjour, es la expresividad de la línea, la riqueza del color y el sentido del espacio que encontramos tanto en Dubuffet como en otros artistas de la colección.

Cubismo

Jean Planque nunca pretendió reunir un conjunto representativo del movimiento cubista, seguramente por una cuestión económica, dado que cuando empezó a interesarse por este período ya era inaccesible para él. Las obras adquiridas en las ocasiones que se le presentaron forman un conjunto desigual, en el que importa la calidad del lenguaje formal, y ponen de manifiesto el interés de Planque por un arte que no obedece a ninguna regla, que se reinventa constantemente.


En la imagen:
Pablo Picasso (1881-1973)
Busto de mujer dormida, 1970
Colección Jean Planque
© Sucesión Pablo Picasso. VEGAP, Madrid, 2007

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Entre Picasso y Dubuffet

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