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Exposiciones

Esta nueva edición del programa La Obra Invitada presenta, gracias al patrocinio de la Fundación Banco Santander, una obra del artista contemporáneo bilbaíno Javier Pérez. Se trata de Carroña, una instalación realizada en 2011 y compuesta por diez cuervos disecados posados sobre los fragmentos de una suntuosa lámpara roja de cristal de Murano.

 

Javier Pérez (Bilbao, 1968)

 

Tras formarse en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco y la École supérieure des beaux-arts de París, ciudad en donde vivió entre 1992 y 1997, Javier Pérez comenzó pronto a destacar con un estilo propio en el panorama de la creación plástica. Su trayectoria se inscribe en la generación de artistas de nuestro entorno que durante la década de los años noventa del siglo XX irrumpió con fuerza en el contexto artístico internacional.

En 2001 fue seleccionado por Estrella de Diego –junto con Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964)– para participar en el pabellón español de la Bienal de Venecia. Allí presentó una cúpula invertida de gran tamaño formada por miles de cuentas de vidrio, titulada Un pedazo de cielo cristalizado,que hoy recibe a los visitantes en el acceso a Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria-Gasteiz. En aquella ocasión De Diego definió su trabajo como "algo muy sutil y al mismo tiempo fuerte… fragmentado y al mismo tiempo compacto".

La obra de Javier Pérez está presente también en los fondos de otras instituciones relevantes, como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid o el Guggenheim Bilbao Museoa, y ha sido exhibida en numerosas galerías y museos internacionales, entre los que destacan: Centre Pompidou, París; Palais de Tokyo, París; Chapelle du Centre de la Vieille Charité, Marsella; Kunsthalle Wien, Viena; Musée d'Art Moderne de la Ville de Paris; Carré d'Art-Musée d'art contemporain, Nîmes; Musée d'Art Moderne et Contemporain Strasbourg; y Musée des Beaux-Arts de Rouen.

Entre las instalaciones destacan –junto a la ya mencionada para la Bienal de Venecia de 2001– Mutaciones (2004) en el Palacio de Cristal, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid; Pieles de luz vegetal (2007) para la sede central de Caja Vital Kutxa, en Vitoria-Gasteiz; Lamentaciones (2009) en el claustro de la catedral de Burgos y El Carrusel del tiempo (2012), realizada por encargo del Festival de Salzburgo.

Ya desde los inicios se aprecia en su quehacer un lenguaje multidisciplinar construido a base de diversos soportes y procedimientos expresivos. De este modo, el artista utiliza el dibujo, la escultura, la fotografía, el video y la performance, bien como disciplinas independientes o bien formando parte de instalaciones complejas de gran elegancia formal concebidas para provocar en el espectador una reflexión sobre la condición humana.

Para ello Pérez extrema las cualidades expresivas de diversos materiales orgánicos junto a las de objetos manufacturados, generalmente frágiles y ligeros. Entre los primeros, ha utilizado cuero, látex, pergamino, intestinos, crisálidas o, como en este caso, animales disecados; entre los segundos, vidrio o porcelana, pero también bronce o resinas.

Partiendo de esta realidad figurativa y objetual, desarrolla un argumento, a menudo dispuesto como el epílogo de una trama escenográfica, que trata cuestiones existenciales. De este modo, objetos reconocibles se convierten en vehículo de un misterio y un desasosiego que pervierten la relación de aparente familiaridad con el espectador.

Es el caso de la pieza que ahora se expone como Obra Invitada, donde una bella lámpara de cristal de Murano que yace rota en el suelo se transforma en metáfora de la idea de fragilidad. El propio artista explica sus intenciones: "Del vidrio me interesa precisamente esa cualidad frágil y rígida a la vez; atractiva y peligrosa". Pero, además, el vidrio es de color rojo, "el color de nuestro interior", una alusión directa a la sangre y a la vida que, en este caso, parece derramada ante la siniestra presencia de los cuervos negros para recordarnos nuestra propia vulnerabilidad y, por tanto, la temporalidad de la existencia.

Con estos materiales, Pérez compone obras sofisticadas y llenas de misterio en donde mezcla lo bello y lo terrible con un enorme poder evocador que, a menudo, genera en el espectador una sensación de inquietud. Casi siempre remiten a la idea barroca del tempus fugit, de la fragilidad de las cosas, y, como si fueran una transposición contemporánea de la vanitas, nos recuerdan que el tiempo se nos escapa. Tal parece ser la idea central de Carroña (2011).

 

Javier Pérez (Bilbao, 1968)
Carroña, 2011
Vidrio de Murano y cuervos disecados. Dimensiones variables
Colección del artista

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Javier Pérez

CONTENIDOS DE LA EXPOSICIÓN: Javier Pérez

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