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Exposiciones

 

Antonio López García nació en Tomelloso, Ciudad Real, en 1936. Su tío, el pintor Antonio López Torres le inicia tempranamente en el oficio. Con sólo trece años, se traslada a Madrid y prepara su ingreso en la Escuela de Bellas Artes frecuentando el Museo de Reproducciones Artísticas y la Escuela de Artes y Oficios. Entre 1950 y 1955 cursa estudios de pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Recién terminados sus estudios viaja a Italia y Grecia y queda especialmente impresionado por los pintores del Treceto y del Quattrocento y, sobre todo, por la obra de Piero della Francesca. Trabaja en Tomelloso y en Madrid hasta el año 1960. En 1961 contrae matrimonio con la también pintora María Moreno. Entre 1964 y 1969 imparte enseñanza como profesor encargado de la Cátedra de Preparatorio de Colorido en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En 1992 el director Víctor Erice filma el largometraje basado en el proceso creativo de Antonio López El sol del membrillo, que ese mismo año recibirá el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes. En enero de 1993 es nombrado miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En la actualidad, vive y trabaja en Madrid.

Adscrito al llamado 'realismo madrileño', Antonio López es uno de los artistas más personales del panorama español posterior a la Guerra Civil. Desde la década de los años cincuenta, ha trabajado el dibujo, el grabado, la pintura y la escultura, creando una obra de aire intemporal y gran virtuosismo técnico, centrada en la representación realista de seres y objetos. Su repertorio iconográfico parte siempre de la realidad de lo visual y oscila entre los espacios de la intimidad y la inmensidad exterior -retratos, naturalezas muertas, interiores y objetos domésticos, y grandes panoramas-.

La alacena (óleo sobre tabla, 200 x 100 cm), pintada en 1963, es una obra emblemática en la producción de Antonio López. Técnicamente, presenta una factura densa a la que el pintor incorpora algunos recursos procedentes del surrealismo y del informalismo, como las manchas, raspaduras e, incluso, añadidos de materia. En ese sentido, en La alacena se incorporó polvo de mármol que, posteriormente, fue quemado. Mediante este procedimiento, el aglutinante de la pintura -es decir, el aceite- desaparece o se reduce y así la pintura, aplicada sobre tabla, adquiere un aspecto seco y rugoso, a veces cercano a la apariencia de la pintura mural.

Por su tema y recursos, pertenece a un conjunto de obras, a menudo calificadas como surrealizantes, en las que lo fantástico y lo afectivo irrumpen en la vida cotidiana. Al gusto por la representación de lo real -un conjunto de objetos de uso común dispuestos sobre un mueble-, se suman presencias y objetos inquietantes que invitan a la reflexión. Así, un busto femenino suspendido en el ángulo superior izquierdo -en realidad, un retrato de su mujer- aparece como una presencia tutelar que, como en la tradición clásica o en los exvotos populares, protege del caos al microcosmos doméstico. La vela encendida, y también suspendida en el aire, refuerza este significado y añade un matiz de fugacidad, que aparece además en las flores y frutos representados.

Esta concurrencia de lo sobrenatural en lo cotidiano pone en relación estas obras con el barroco español, y, como en los bodegones de Sánchez Cotán, la mirada intensa y concentrada del pintor sobre los objetos otorga a la obra de un halo sobrenatural y mueve al espectador a una contemplación ensimismada y reflexiva. A este aire de ensoñación metafísica, de sugerencia de lo invisible a través de lo visible, contribuye enormemente el uso de la luz, o más bien de la penumbra, que baña los objetos y refuerza la sensación, a menudo presente en las obras de Antonio López, de silencio y ausencia de tiempo.

 

Antonio López García (Ciudad Real, 1936 - )
La alacena, 1962-1963
óleo sobre tabla 200x 100 cm
Colección particular

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