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Exposiciones

El mar fue uno de los grandes intereses de la carrera artística de Turner, que ocupó con marinas casi un tercio de sus lienzos, pintó vistas del litoral y los puertos para ser publicadas y realizó miles de bocetos y estudios del mar y la costa. Lugar de osadía, logro y tragedia, el mar fue para él un escenario en el que el hombre representa sus dramas con el fondo de una naturaleza a menudo cruel e indiferente. Muchas de estas obras recrean o rinden tributo a los maestros holandeses del género y hacen de Turner el heredero anglosajón de esa tradición pictórica. No obstante, la contemplación que el mar exige inspiró la renovación del estilo de Turner y su forma de abordar el tema. La anécdota que él mismo difundió y que le presenta atado al mástil de un buque durante una tormenta es probablemente apócrifa, pero ilustra bien la reivindicación sobre la autenticidad de sus representaciones. La imagen de sí mismo como explorador romántico de las olas se plasmó en el aspecto de su madurez y le valió entre los niños de su localidad el apodo de “el almirante Booth”.

Hacia 1830 Turner viajó con frecuencia a la villa marinera de Margate, en el sureste de Inglaterra, un lugar expuesto que ofrece vistas de la cambiante meteorología y que Turner describió como “los cielos más grandiosos de Europa”. Esta obra, inacabada aunque en un estado de ejecución bastante avanzado, data de entre 1840 y 1845 y fue encontrada en el estudio del pintor tras su muerte. Representa una vista del mar desde la orilla, posiblemente desde Margate. La forma de color marrón visible en la parte inferior derecha es, con probabilidad, un embarcadero que sufre la acometida de las olas. El pecio está representado con un contorno inacabado de pintura roja en la parte inferior izquierda; indicio,  quizá, de un naufragio que no vemos. En el centro de la imagen, un rayo de luz que penetra a través de un claro en las nubes ilumina una zona de aguas más tranquilas y una vela blanca. Pero ¿ha logrado el barco huir de la tormenta o navega hacia el peligro? La respuesta sería más clara si Turner hubiera terminado el lienzo, detallando el primer plano y, sobre todo, dándole título y exponiéndolo en la Royal Academy. En su estado actual, la cuestión permanece abierta y no nos queda sino ponderar las dos fuerzas en juego: la brutalidad del mar y la resistencia del hombre.

Un visitante a la galería de Turner calificó sus obras inacabadas de “creaciones sin parangón, frescas como el rocío, como perlas que acaban de cuajar”, reconociendo que, “aún sin referencia al tema”, que no siempre se aprecia, “los colores [resultan] muy agradables al ojo”. Hacia 1960 fue precisamente ésta la característica más apreciada por toda una generación de artistas, que encontró en ello un vínculo con la abstracción moderna. En la actualidad, no estamos tan dispuestos a pasar por alto el tema en los cuadros de Turner, pero aceptamos que,  a menudo, es precisamente esa cualidad borrosa de su obra tardía –censurada por algunos críticos de la época– la que les proporciona su tremenda fuerza e irresistible atractivo.

Thomas Ardill
Documentalista, Tate Britain


Joseph Mallord William Turner
Rough Sea with Wreckage, c. 1840-1845
Óleo sobre lienzo, 92,1 x 122,6 cm
Tate Britain, Londres

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Mar tormentoso con naufragio

CONTENIDOS DE LA EXPOSICIÓN: Mar tormentoso con naufragio

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