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Exposiciones

 

En esta ocasión, presentamos una obra singular del pintor Joaquín Sorolla, que, procedente del Museo Sorolla (Madrid), permanecerá expuesta en la Sala 19 del Edificio Antiguo (L1) hasta el próximo 31 de agosto. Junto a ella, unidas por la temática y por ser expresión de la pintura de los primeros años del siglo XX, se exponen en la misma sala La condesa de Yumuri (1906) de Cecilio Plá, el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles (1913) de Ignacio Zuloaga y la Venus de la poesía (1913) de JulioRomero de Torres, pertenecientes a la colección del Museo.

Joaquín Sorolla es uno de los artistas más importantes de la pintura española del tránsito entre los siglos XIX y XX, ligada al movimiento naturalista europeo. De formación academicista, partió de los cuadros de género costumbrista y social -como La reliquia de 1893, perteneciente a la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao (Sala 18)- para desarrollar una estética luminosa encarnada en paisajes y retratos.

A partir del año 1904 surge en la trayectoria de Sorolla el tema de la playa como una derivación personal e independiente de las escenas del llamado costumbrismo marinero que diez años antes habían aparecido en su obra. La tela que presentamos como Obra Invitada fue pintada en el verano de 1905 durante la última estancia de Sorolla en Jávea (Alicante) y forma parte del numeroso conjunto de estudios y bocetos preparatorios que el pintor realizó en este periodo de madurez, caracterizado por las representaciones de escenas de playa en las que el estudio del movimiento y de los valores cromáticos y lumínicos constituyen sus principales intereses. En este caso, centra la composición la figura de una muchacha que nada durante el crepúsculo sobre las aguas de un acantilado. El sol produce sorprendentes reflejos sobre la superficie del mar, cuyo movimiento se reproduce también en la representación de la nadadora. La gran fuerza expresiva del color, aplicado en rápida ejecución mediante una pincelada larga, empastada y de factura muy suelta, se concreta en los brillantes reflejos amarillos que sobre las aguas azul oscuro se funden con el color verdoso de la vestimenta, apenas abocetada, del personaje.

La elegante ondulación de la composición y el audaz contraste de luces produce una sensación que nos remite a los principios del modernismo y al tono sugerente empleado por los pintores simbolistas.

La obra invitada es una propuesta con la que el Museo pretende acercar al público obras destacadas de otros museos y colecciones que enriquecen la oferta de nuestra colección. El Programa se inició en 2001 con la escultura Bilbao (1982) de Richard Serra, perteneciente a una colección particular, y continuó con Figure (1928) de Pablo Picasso, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), y La iglesia de Notre-Dame de Burdeos de Oskar Kokoschka, del Museo de Bellas Artes de Burdeos. En esta ocasión, presentamos una obra singular del pintor Joaquín Sorolla, procedente del Museo Sorolla (Madrid).

 

Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923)
Nadadora. Jávea, 1905
Óleo sobre lienzo, 107,5 x 180 cm
Museo Sorolla (Madrid)

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