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Exposiciones

Pintor y escritor, Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861—Aranjuez, Madrid, 1931) fue uno de los mayores artífices del movimiento modernista catalán. Aunque los retratos no abundan en su trayectoria pictórica, son, sin embargo, piezas de gran calidad, como es el caso del Retrato de Miquel Utrillo, una de las mejores de su producción. En él, el polifacético personaje, que vivió en París con Rusiñol y con el también pintor Ramón Casas, aparece retratado en el parque del Moulin de la Galette. De cuerpo entero y de perfil, Utrillo lleva en la mano unos papeles que aluden a su faceta de periodista. Rusiñol emplea aquí una paleta sobria en la que los blancos dirigen la mirada del espectador desde el primer término hasta el fondo de la composición.

 

El género del retrato ocupa una parte testimonial en el conjunto de la producción pictórica de Santiago Rusiñol. Sin embargo, sorprende que los pocos que realizó no sólo sean piezas notables como tales, sino que la mayoría de ellos se cuenten entre las mejores pinturas de su producción. Tal es el caso de este Retrato de Miquel Utrillo.

Pero, ¿quién fue Miquel Utrillo, al que Rusiñol retrató en tres ocasiones? Dejemos que sea el propio Rusiñol quien nos lo descubra: «Utrillo, escribidor del gremio de La Vanguardia, cotilla obligatorio de todas las desgracias y peleas y fatigas de aquel vecindario de París, para dar cuenta de ellas en alambre, o pluma de oca, o de acero, en ilustrado pergamino; bachiller, químico curtido en las aulas y sorbonas de esta ciudad; ingeniador de caminos, de minas y de huertas de regadío; hombre letrado y pictórico; y, si bien enclenque por fuera, lleno por dentro de palabras y ciencias bien escogidas y digeridas con cedazos y cribas de erudición de buen talante» («La casa de París», Fulls de la Vida, Barcelona, 1898). En definitiva, un personaje polifacético y genial, con el que Rusiñol y Ramon Casas compartieron apartamento en París, concretamente en el Moulin de la Galette, en el invierno de 1890-1891. De ahí que haya que fechar la tela en esta época, la cual por lo demás fue presentada públicamente por primera vez en el Salón de París en 1891 con el título de «Michel», y al poco en Barcelona en la primera exposición que Rusiñol, Casas y su amigo el escultor Enric Clarasó celebraron en la Sala Parés.

Como en otras pinturas de este mismo momento, Rusiñol utiliza el parque del Moulin de la Galette, siempre cuando no hay ninguna actividad, como trasfondo de la composición. En este caso, el protagonista indiscutible es Utrillo, que figura de cuerpo entero y de perfil, con unos papeles en la mano izquierda en clara alusión a su faceta de periodista. El pintor se sitúa en un punto algo elevado respecto a la escena que pretende reproducir y consigue una perfecta integración del retratado con el potente entorno que le rodea. Por último, hay que destacar la utilización de elementos vegetales, minuciosamente tratados, en un primer término, recurso habitual en muchas pinturas del artista de este mismo periodo y la incorporación en esta ocasión de elementos de tipo arqueológico –tales como un capitel o parte de un busto femenino–, por los que Rusiñol sintió siempre gran interés. En cuanto al tratamiento del color, se puede mencionar el predominio del negro y la utilización estratégica de los blancos para dirigir en zigzag la mirada del espectador desde el primer término hasta el fondo de la composición.

Texto: Colección de Arte Moderno, MNAC


En la imagen:
Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861—Aranjuez, Madrid, 1931)
Retrato de Miquel Utrillo (fragmento), 1890-1981
Oleo sobre lienzo, 222,5 x 151 cm.
Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona (MNAC)


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Retrato de Miquel Utrillo

CONTENIDOS DE LA EXPOSICIÓN: Retrato de Miquel Utrillo

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