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Exposiciones

La muestra es un primer paso en la recuperación de la obra fotográfica del vizcaíno Tomás de Acillona (Getxo, Bizkaia, 1893–Biarritz, Francia, 1957). Abogado de formación, a mediados de la década de 1920 comenzó a experimentar con diversas técnicas fotográficas en compañía de su amigo, el músico Andrés Isasi (Bilbao, 1891–Algorta, Bizkaia, 1940). Se especializó en la compleja técnica de revelado fotográfico a la goma bicromatada, desarrollada en la segunda mitad del siglo XIX y que tuvo su apogeo en nuestro país durante las primeras décadas del siglo XX.

La exposición, comisariada por el historiador Mikel Lertxundi, plantea un recorrido por los diversos géneros que trabajó Tomás de Acillona –paisaje, bodegón, retrato y escena costumbrista– a través de una selección 45 obras fechadas entre 1932 y 1957. Le acreditan como un destacado representante del llamado pictorialismo fotográfico, tendencia dominante en Europa y Norteamérica hasta 1920. También se exponen 6 fotografías de Andrés Isasi y, dentro de un apartado documental, el tratado sobre la goma bicromatada escrito por Acillona e imágenes conseguidas por Jorge Ortega Acillona a mediados de la década de los años ochenta del pasado siglo siguiendo las detalladas instrucciones del manuscrito de su abuelo.



TOMÁS DE ACILLONA

El nombre de goma bicromatada proviene de los componentes que se emplean en la preparación de la emulsión con la que se realizan: goma arábiga, a la que se añaden bicromato de potasio y un pigmento. La emulsión así conseguida se extiende sobre un papel no fotográfico (generalmente del tipo empleado para el dibujo) y una vez que se ha secado se hace sensible a la luz: la hoja se pone en contacto con el negativo y se expone a la luz. Para revelar la imagen hay que sumergir el papel en agua: las partes a las que le haya dado la luz se harán insolubles y permanecerán, mientras que aquellas a las que no les ha dado luz (las partes oscuras del negativo), se disolverán.

Fue Isasi quien abordó en primer lugar estos complejos procedimientos y quien se los enseñó a Acillona. Ambos pasaron cerca de siete años experimentando hasta que en 1932 consiguieron su dominio, captando “luces, medias tintas y sombras”, es decir, toda una gradación de variaciones tonales que dan a sus fotografías una profunda intensidad expresiva. A partir de entonces, Acillona practicó con asiduidad el procedimiento y llegó a un dominio tal que incluso le permitió redactar en 1941 un completo tratado de casi trescientas páginas, titulado La estampa a la goma bicromatada.

También expuso frecuentemente en diversos salones fotográficos internacionales hasta antes del inicio de la Guerra Civil española. A mediados de la década de los años cuarenta pudo reanudar su labor artística y expositiva.

El procedimiento de la goma bicromatada permite manipular la superficie, el color y el contraste de la imagen final, que normalmente muestra poco detalle y una apariencia cercana a la de un dibujo al carboncillo. La manipulación manual a la que obliga esta compleja técnica conduce a un estilo fotográfico en el que predomina la calidad artística de la impresión sobre el valor de la imagen del objeto fotografiado. Ésta es la principal característica del movimiento fotográfico internacional conocido como pictorialismo, en el que se incluye la obra de Acillona, más concretamente, en la llamada segunda generación pictorialista española, desarrollada entre 1920 y el comienzo de la Guerra Civil.

Otras características del pictorialismo son: preocupación por los valores artísticos, en oposición a los meramente documentales, uso del simbolismo para transmitir un mensaje, manipulación manual que confiere valor artístico a su creador, interés por los efectos lumínicos, concepto impresionista de la imagen según el cual lo importante es el resultado de conjunto por encima del detalle, y utilización de sofisticados procedimientos de impresión, no convencionales, tales como la goma bicromatada.

El dominio técnico de la goma bicromatada por parte de Acillona le permitió experimentar diferentes líneas de expresión. Así, durante la década de los años treinta practicó una suerte de impresionismo al desenfocar ligeramente el acabado final de sus imágenes. En la década siguiente, sin embargo, centró los objetivos de su trabajo en conseguir cualidades de color, textura y gradaciones tonales capaces de plasmar las diferentes calidades de la materia, que Acillona supo aprovechar en sus representaciones de naturalezas muertas.

Temáticamente su obra se corresponde con los asuntos predilectos del pictorialismo, el paisaje y el costumbrismo. El paisaje, a menudo con intensos celajes o árboles, le daba la ocasión para experimentar con los efectos de luz y atmósfera. Por otra parte, las imágenes de pescadores y mujeres cosiendo redes, de campesinos y niños, y los retratos remiten a un costumbrismo que refleja el paisanaje rural con un fin marcadamente documental.

También representó vistas de monumentos y bodegones. Por último, se conservan una serie de fotografías de tono intimista de distintos rincones de su casa Dilizena y del jardín en la localidad vizcaína de Algorta, que se encontraban entre las preferidas por el propio Acillona.



En la imagen:
Tomás Acillona (Getxo, Bizkaia, 1893 – Biarritz, Francia, 1957)
Anciana, c. 1933
Goma bicromatada sobre papel
Colección particular


CONTENIDOS DE LA EXPOSICIÓN: Tomás de Acillona. Fotografías 1932-1957

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