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Exposiciones

Ésta es la convocatoria número 40 del programa La Obra Invitada, que, gracias al patrocinio de la Fundación Banco Santander, ha traído en préstamo temporal al museo 47 obras, contando el tríptico de Arteta que ahora se presenta, con el objetivo de proponer al público la experiencia de la contemplación individualizada de una obra de arte.

Pintado en 1937 por Aurelio Arteta (Bilbao,1879–México D.F., 1940), el Tríptico de la guerra representa la crudeza del conflicto bélico y sus dramáticas consecuencias en la población civil. Arteta, que supo conciliar tradición y vanguardia en su pintura, desarrolló aquí una composición abigarrada y monumental. Su origen pudo estar en el bombardeo de Gernika por la legión Cóndor alemana, ocurrido el 26 de abril de 1937. En el lienzo de la izquierda, El frente, un joven empuña el fusil contra un cielo sobrevolado por aviones de guerra. El de la derecha, La retaguardia, presenta la destrucción y los cadáveres de una madre y su hijo tras el bombardeo. El éxodo, algo mayor que los otros dos, muestra la despedida en un puerto de los jóvenes que parten hacia el combate.

Según algunos autores, el pintor Julián de Tellaeche, encargado de la colección de arte vasco exhibida en el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, inició gestiones para sustituir el Guernica de Picasso por este Tríptico de la guerra de Arteta. Aunque finalmente no fue así, probablemente por el enorme respeto de Arteta hacia la figura de Picasso, la anécdota demuestra la gran consideración que en su momento tuvo esta obra.


Aurelio Arteta

En 1937 Aurelio Arteta residió unos meses en Biarritz, primera etapa de un exilio motivado por la Guerra Civil que le llevaría dos años después a México con su familia. Desde 1931 trabajaba en Madrid, donde en 1933 había sido nombrado profesor interino de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. En diciembre de 1936, en compañía de otros artistas e intelectuales trasladados a Valencia por el gobierno republicano, había abandonado la capital, sometida a intensos bombardeos por las tropas sublevadas. De Valencia viajaría meses después a Barcelona antes de instalarse en Francia.

En los años anteriores al inicio de la guerra Arteta había recibido diversos reconocimientos artísticos oficiales. Fue nombrado miembro del Consejo de Instrucción Pública (1931) y vocal de la Junta Superior del Tesoro Artístico (1933). También obtuvo una medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932, la primera organizada por la República, fue seleccionado para acudir a la Bienal de Venecia en 1934 y en julio de 1936 logró el primer premio del Concurso Nacional de Pintura.

A mediados de los años veinte, ya en plena madurez como pintor y en sintonía con otros creadores de su generación, como Sunyer o Vázquez Díaz, Arteta comenzó a incorporar a su trabajo elementos procedentes del cézannismo y de los lenguajes cubistas. En esos años sus cuadros, de dibujo preciso y definidor, muestran una predilección por los volúmenes geométricos y la simplificación del colorido, que en la década de 1930 terminaría reducido a una estricta gama de ocres, verdes, azules y, sobre todo, blancos. Abundan en esa época los retratos por encargo y sobresalen los paisajes urbanos, como Marinero en tierra o Puente de Burceña, pero también los cuadros de figuras como Pescadora (estos dos últimos en el Museo de Bellas Artes de Bilbao). En general, en la pintura de Arteta no hay concesiones a lo anecdótico o lo decorativo y las composiciones se resuelven mediante recursos puramente plásticos. Esta tendencia a la concentración y a la simplificación formal está también presente en las obras que llevó a cabo durante la guerra: dibujos y acuarelas con temas bélicos, algunos carteles y un reducido pero importante grupo de pinturas, entre las que destacan, por su carácter testimonial, Evacuación de un pueblo (colección particular) y este Tríptico de la guerra.

Formado por tres escenas narrativas conocidas como El frente, El éxodo y La retaguardia, el tríptico muestra las consecuencias de la guerra y sus efectos sobre la población civil, aunque no hay referencias a una zona o ciudad concretas más allá del paisaje, que podría corresponder al del País Vasco. De composición abigarrada y monumental, se ha supuesto que en la ejecución de estas obras Arteta pudo tener en cuenta los hechos ocurridos el 26 de abril de 1937 en Gernika, cuando la localidad vizcaína fue bombardeada por la legión Cóndor alemana. En el lienzo de la izquierda, El frente, ambientado en un paraje rocoso, un joven empuña su fusil contra el cielo, sobrevolado por aviones que lanzan su mortífera carga. Le rodean los cuerpos sin vida de un soldado, en primer término, y de otro muchacho. En el panel de la derecha, La retaguardia, Arteta presenta los efectos del bombardeo ya concluido: casas destruidas, una mujer muerta con su bebé, animales también muertos. El éxodo tiene lugar en un puerto de mar, con muchachos que se despiden de sus familias quizás para partir hacia el combate. De dimensiones algo mayores que los otros dos, se ha señalado su diferente línea argumental, ya que la acción transcurre en un día claro, luminoso, y no hay alusiones directas a la guerra o a ningún peligro cercano.


Texto: Miriam Alzuri
Departamento de Exposiciones. Museo de Bellas Artes de Bilbao.



Tríptico de la guerra, 1937
Óleo sobre lienzo. 161 x 120,5 cm (panel izquierdo); 178 x 166,5 cm (panel central); 161 x 120,3 cm (panel derecho)
Colección particular


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Tríptico de la guerra

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